Bolivia: La revoluci√≥n contin√ļa
Por: Fernando Molina - Infolatam
Julio 2012
Fotografia: UPDS

Las fuerzas sociales que sacudieron y transformaron Bolivia en el √ļltimo lustro no se han aplacado.¬†Evo Morales¬†lleg√≥ al poder montado sobre la ola, y ahora corre el riesgo de ser el arrecife contra el que √©sta se estrelle. Estas fuerzas eran el deseo de redistribuci√≥n de la riqueza petrolera y mineral que se han revalorado por el boom de las materias primas, y la determinaci√≥n de echar a la √©lite neoliberal del poder y sustituirla por "tribunos populares". Lo segundo ha ocurrido amplia y, en muchos casos, rudamente, pero esto no ha detenido lo primero.

La √ļltima revoluci√≥n boliviana s√≥lo se ha completado en el plano pol√≠tico: una nueva camada de gobernantes est√° a cargo de todo y ha llegado a tener m√°s poder que ninguna otra en la historia. Al mismo tiempo, los movimientos populares siguen aspirando a una revoluci√≥n "social", que no solo invierta las posiciones ("de vuelta la tortilla") en el Estado, sino tambi√©n en el aparato productivo y el mercado. Durante su arribo al poder, cuando a√ļn encarnaba lo nuevo, el Gobierno alent√≥ estas ambiciones y trat√≥ de satisfacerlas en la medida de lo posible: nacionaliz√≥ las principales empresas e increment√≥ significativamente la cantidad del ingreso nacional que llega a la mayor√≠a de la poblaci√≥n.

A partir de cierto punto, sin embargo,¬†Morales comprendi√≥ que llevar la redistribuci√≥n al extremo desestabilizaba su propio poder, por lo que comenz√≥ a enfrentarse a ciertos movimientos y a rechazar ciertas demandas, en especial de las de car√°cter salarial, que amenazaban una administraci√≥n prudente de las finanzas p√ļblicas. El vicepresidente √Ālvaro Garc√≠a Linera dej√≥ de exaltar todos los movimientos que surg√≠an y, en cambio, comenz√≥ a diferenciar entre movimientos "buenos" y "malos".

Ni el innegable predicamento de¬†Morales¬†sobre las organizaciones sociales ni tampoco la gran liquidez del Tesoro p√ļblico lograron frenar la furia redistributiva de la gente, que adem√°s el mismo Gobierno, erigiendo un caballo de Troya, hab√≠a alentado con un discurso √ļtil para llegar al poder pero nefasto para ordenar al pa√≠s ("el Estado tiene que resolver todos los problemas", dijo a todo el que quer√≠a escucharle, una creencia que, seg√ļn el Latinobar√≥metro, es m√°s alta en Bolivia que en cualquier otra parte de Latinoam√©rica).

Los demonios rentistas, que llevan a la gente a extorsionar al Estado con toda clase m√©todos de "acci√≥n directa" han sido responsables, este a√Īo, de graves conflictos que con claridad tuvieron al Gobierno en contra. Los m√°s abiertamente ego√≠stas fueron los impulsados por las comunidades campesinas y los peque√Īos mineros que pugnaban por apropiarse de yacimientos minerales, o poner bajo su propio control determinadas extensiones de tierras. Estas ambiciones puramente cremat√≠sticas han sido responsables, en el √ļltimo mes, de la p√©rdida de los contratos que el pa√≠s ten√≠a con las empresas mineras internacionales Glencore (en mina Colquiri) y South American Silver (en Mallku Khota).

En ambos casos, el Gobierno tuvo que aceptar que los grupos movilizados pasen por encima de su voluntad (pues las autoridades no deseaban ni desean nacionalizaciones en minería) e incluso que cometan graves delitos, como el secuestro de un grupo de ingenieros de la South American. Y, al final, tuvo que entregar a los activistas que habían organizado el conflicto los yacimientos que éstos pueden aprovechar directamente y "estatizar" el resto, aunque la promesa de que el Estado explote adecuadamente este tipo de minas  ("open pit") es imposible de cumplir. Para eso necesitaría un capital y una tecnología con los que no cuenta.

Si las del pasado (en hidrocarburos o electricidad) fueron una especie de "ofrendas" hechas por el Estado en honor las multitudes, para tratar de aquietarlas, las de ahora son "botines" conquistados por estas mismas multitudes, que se resisten a tranquilizarse y aceptar que sea el Estado el encargado de reunir y repartir la riqueza social de una manera equitativa.

Mientras Bolivia viva el momento de mayor prosperidad de su historia, y mientras el empoderamiento popular haga desaconsejable cualquier intento serio de reprimir los brotes de violencia pol√≠tica, esta situaci√≥n seguir√° agrav√°ndose. Aunque el Gobierno parece fuerte y act√ļa implacablemente en el √°rea pol√≠tica, haci√©ndole la vida imposible a sus opositores (entre ellos a los ind√≠genas del oriente), se lo ve completamente desarmado, ideol√≥gica e institucionalmente, para imponer orden en la sociedad. Su √ļnica respuesta a √©sta es la demagogia, ceder y prometer, y con ello socavar a√ļn m√°s su credibilidad, lo que le quita la poca capacidad para actuar que a√ļn conserva.

Aunque ya no les guste a los revolucionarios en el poder, la revoluci√≥n boliviana contin√ļa su marcha, impulsada por la ambici√≥n de echarle mano a las rentas de la exportaci√≥n de materias primas. Claramente, hoy esta revoluci√≥n ha vuelto a acelerarse. ¬ŅPodr√° llegar m√°s lejos? Seguramente no al "socialismo", como quisieran los disidentes de izquierda del proceso, ya que √©ste es un pa√≠s de peque√Īos productores que en su mayor√≠a m√°s bien aspiran al capitalismo salvaje, antes que a la centralizaci√≥n de los medios de producci√≥n. Pero no cabe duda de que la intensificaci√≥n de las luchas populares puede desordenar gravemente la econom√≠a, como ocurri√≥ a principios de los ochenta, y con ello volverse involuntariamente "conspirativa", no porque sea coordinada por la oposici√≥n, lo que no ocurre, sino porque puede volverse (como mostr√≥ el reciente mot√≠n policial) peligrosa en exceso para la democracia.

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