Populismo
Por: Rodrigo Borja - El Comercio
Octubre 2015

Es el arreba√Īamiento de las multitudes en torno a ese "hechicero del siglo XXI", listo siempre a ofrecer el para√≠so terrenal a la vuelta de la esquina, que es el caudillo populista.

Surgido con la pr√©dica redentorista en los cinturones de pobreza de las grandes ciudades, el populismo no es un movimiento ideol√≥gico sino una desordenada movilizaci√≥n de masas sin br√ļjula doctrinal que, con frecuencia, lleva a los pueblos a defender posiciones objetivamente opuestas a sus intereses. Un soci√≥logo ecuatoriano escribi√≥ que el l√≠der populista "fascina a las masas sin dejar de servir a las oligarqu√≠as". Y los caudillos populistas suelen explicar esta contradicci√≥n con el argumento de que existen "oligarcas buenos" y "oligarcas malos".

No es debido hablar de "populista de izquierda" o "populista de derecha" ya que izquierda y derecha son categorías ideológicas que no tienen cabida en el populismo aideológico.

La fabricación del caudillo populista es bastante simple: exaltación hiperbólica de su persona, creación de una aureola carismática, coro de alabanzas, providencialismo, demagogia y fabricación de los "enemigos" contra quienes se fomenta, enardece y canaliza el odio de la colectividad.

En la era digital los caudillos populistas cuentan con un nuevo elemento suplantador de las ideolog√≠as: las encuestas de opini√≥n, a las que estos conductores conducidos se someten independientemente de consideraciones de conveniencia p√ļblica.

El caudillo populista incursiona en la TV -que es la plaza p√ļblica virtual- para difundir sus programas y hace de la pol√≠tica un espect√°culo con su discurso populachero, superficial, reduccionista, maniqueo, de rasgos "redentoristas", que apela m√°s a la emoci√≥n que a la raz√≥n, y entrega a las masas la ilusi√≥n de "participaci√≥n" y "protagonismo".

No es exagerado decir que el populismo es la manifestaci√≥n de una patolog√≠a social. Lo fue en la Alemania de Hitler y en la Italia de Mussolini. A mediados de los a√Īos 40 en Argentina fue el fruto de la llamada "d√©cada infame" en la que campearon la frustraci√≥n y la humillaci√≥n colectivas. Y cosa parecida ocurri√≥ con el populismo brasile√Īo de Getulio Vargas en los a√Īos 50.

En su concepción maniquea de la política, la fabricación del "enemigo" es un elemento estratégico del gerifalte populista para descargar contra él toda la furia contenida de la masa por siglos de frustración.

Su coreograf√≠a pol√≠tica es impecable. El escenario est√° cuidadosamente dise√Īado y montado para que en √©l luzca el l√≠der su mejor presencia. La "mise en sc√®ne" forma parte inseparable del estilo populista.

Pero tarde o temprano su andamiaje se descalabra y la misma ola de ilusiones que lo llevó al poder se vuelve contra él. Todo termina en tragedia: el suicidio de Getulio Vargas en 1954 o el derrocamiento y fuga de Perón y de sus corifeos cargados de culpas y de dinero en 1955.

Rodrigo Borja, abogado, ex Presidente del Ecuador

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