La falta de rigor en Facebook y Twitter facilita la creaci贸n de cuentas falsas
Por: Nicholas Confessore y Gabriel J. X. Dance /The New York Times
Febrero 2018

Cuando Hilary Mason, una cient铆fica de datos y empresaria, descubri贸 que r谩pidamente hab铆an surgido decenas de cuentas automatizadas que se hac铆an pasar por ella en Twitter, se dispuso a detenerlas de inmediato.

Se quej贸 varias veces en Twitter, enviando copias de su licencia para conducir en repetidas ocasiones con el fin de demostrar su identidad. Acudi贸 a amigos que trabajaban en la empresa. Sin embargo, d铆as m谩s tarde, muchas de las cuentas falsas segu铆an activas, a pesar de que se hab铆an cerrado algunas que eran b谩sicamente id茅nticas.

Millones de cuentas que se hacen pasar por gente real deambulan por las plataformas de redes sociales; promueven productos comerciales y celebridades, atacan a candidatos pol铆ticos y siembran discordia. Por ejemplo, divulgan im谩genes falsas y desinformaci贸n sobre el tiroteo sucedido en la escuela de Parkland y, seg煤n una acusaci贸n que se present贸 la semana pasada ante un gran jurado federal, fueron fundamentales para la estrategia rusa dedicada a favorecer a Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2016. Adem谩s, los funcionarios de inteligencia creen que tendr谩n un papel importante en los planes de Rusia para manipular las pr贸ximas elecciones intermedias de Estados Unidos.

Sin embargo, una investigaci贸n que realiz贸 The New York Times demostr贸 que las empresas de redes sociales suelen ser incapaces de ejecutar en茅rgicamente sus propias pol铆ticas en contra de la suplantaci贸n, con lo cual posibilitan la divulgaci贸n de noticias falsas y de propaganda, y permiten que prospere un mercado negro de identidades sociales en sus plataformas.

Facebook y Twitter necesitan una prueba de identidad para cerrar la cuenta de un impostor, pero no piden nada para abrir una. A pesar de que las cuentas de redes sociales est谩n evolucionando para convertirse en algo similar a pasaportes virtuales -para hacer compras, participar en actividades pol铆ticas e incluso para obtener acceso a servicios gubernamentales-, las empresas tecnol贸gicas han ideado sus propias reglas y normas, con poca supervisi贸n o regulaci贸n de Washington.

"De muchas maneras, estas empresas se han asignado la responsabilidad de comprobar tu identidad", mencion贸 Jillian York, una directiva de Electronic Frontier Foundation, una organizaci贸n que defiende la protecci贸n de la privacidad digital. "Pero la mayor铆a de los usuarios no tiene acceso a ninguno de estos procesos, no puede acceder a ning煤n tipo de servicio al cliente ni tampoco tiene los medios para apelar a esas decisiones".

Algunas cuentas de impostores se activan para hacer parodias, pero millones de esas identidades falsas son controladas por empresas privadas que venden seguidores y otras formas de interacci贸n en redes sociales a celebridades, atletas profesionales y escritores. Muchas otras se despliegan en campa帽as sistem谩ticas de guerra de informaci贸n que manipulan los gobiernos.

La semana pasada, durante las audiencias en el congreso estadounidense, algunos legisladores cuestionaron si los emporios de las redes sociales estaban haciendo lo suficiente.

"Creo que las mismas empresas se tardaron en reconocer esta amenaza", afirm贸 el senador dem贸crata por Virginia, Mark Warner. "Creo que todav铆a les falta mucho por hacer".

Los l铆deres de algunas empresas de redes sociales han mencionado que est谩n haciendo un gran esfuerzo por combatir la suplantaci贸n de identidades. En una teleconferencia con inversionistas que se celebr贸 este mes, Jack Dorsey, el director ejecutivo de Twitter, dijo que la empresa estaba expandiendo las iniciativas de "calidad de la informaci贸n", entre las que se encuentran mecanismos para mejorar el contenido cre铆ble y aut茅ntico en la plataforma.

En enero, el director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, escribi贸 en una publicaci贸n de esta red social que la empresa casi hab铆a duplicado la cantidad de trabajadores dedicados a revisar el contenido en busca de noticias falsas y abusos, incluida la suplantaci贸n de identidades.

Los t茅rminos de servicio de Facebook proh铆ben la suplantaci贸n y requieren que los due帽os de las cuentas utilicen sus nombres reales. No obstante, Twitter permite las cuentas de parodia y los seud贸nimos, y solo proh铆be la suplantaci贸n cuando la cuenta retrata a otro usuario "de una manera enga帽osa o insidiosa". La empresa no hace una revisi贸n preventiva de las cuentas para encontrar suplantaciones.

Esa pol铆tica puede dejar perplejos o encolerizar a los usuarios verdaderos. En diciembre, Firoozeh Dumas, una escritora iran铆-estadounidense que vive en Alemania, report贸 en Twitter en repetidas ocasiones al menos cuatro cuentas que hab铆an suplantado la de ella. "Tienen mis fotos, escriben tuits con fragmentos de mis libros", coment贸 Dumas. "Parece que uno de los suplantadores est谩 vendiendo cosas".

Sin embargo, cada vez que Dumas los denunciaba -y lo demuestran los correos electr贸nicos-, el equipo de soporte de Twitter le respond铆a que las cuentas no cumpl铆an con su definici贸n de suplantaci贸n abusiva.

En una investigaci贸n que The New York Times public贸 el mes pasado, se encontr贸 que muchas de las cuentas verdaderas se copian y se convierten en bots automatizados que venden empresas como Devumi, una firma que ahora tiene su sede en Colorado y que es investigada por los fiscales generales de Florida y Nueva York. (Por medio de un representante, Devumi neg贸 haber vendido cuentas falsas).

Parece que Twitter est谩 monitoreando la red de bots de Devumi. Desde que The New York Times public贸 su investigaci贸n, decenas de los clientes m谩s prominentes de Devumi -actores, estrellas de telerrealidad, escritores, ejecutivos de empresas y otras personas que buscan comprar seguidores y retuits- han perdido m谩s de tres millones de seguidores. Se han restringido o suspendido cerca de 55.000 cuentas falsas que vendi贸 Devumi.

Twitter se ha rehusado a aclarar si los bots de Devumi violan su pol铆tica de suplantaci贸n de identidad o cu谩ntos de sus empleados se dedican a erradicar este problema. No obstante, las cuentas de impostores se encuentran con relativa facilidad en Twitter.

The New York Times identific贸 cientos m谩s por medio de la funci贸n automatizada de Twitter "A qui茅n seguir": cuando un usuario ve una cuenta de impostor famosa, es habitual que la red social le recomiende a otras cuentas de impostores que la sigan.

Tanto Facebook como Twitter dependen en parte de sus usuarios para reportar impostores y abusos. Sin embargo, las decisiones de las empresas para regular podr铆an parecer arbitrarias. En enero, Antonia Caliboso, una trabajadora social que radica en Seattle, descubri贸 una cuenta impostora en Facebook que ten铆a su nombre, informaci贸n biogr谩fica y una foto: toda la informaci贸n se obtuvo de un bolet铆n informativo sobre una beca que hab铆a ganado.

Durante semanas, Caliboso y decenas de sus amigos reportaron la cuenta falsa a Facebook. No obstante, los representantes de Facebook le dijeron en repetidas ocasiones que la cuenta no violaba las pol铆ticas de suplantaci贸n de la empresa, mencion贸 Caliboso. Con el tiempo, la mujer borr贸 su cuenta real para protegerse.

"No puedo arriesgarme a que un cliente o un empleado -pasado, presente o futuro- pueda encontrar ese perfil", explic贸.

Sin embargo, seg煤n un correo electr贸nico que Caliboso recibi贸 el 10 de febrero, Facebook finalmente cerr贸 la cuenta porque iba en contra de su "norma comunitaria sobre identidad y privacidad".

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