La ruta de las misiones chilena, tras los pasos de la plata del Potosí
Por: BBC Mundo Miércoles, Enero 04, 2017-Hrs.
FUNDACI√ďN IMAGEN DE CHILE

Remolinos formados por el viento. G√©lidas noches estrelladas. Vegetaci√≥n escasa. Silencio. Falta de ox√≠geno. Hace unos 400 a√Īos, caravanas de mulas y llamas cargadas de plata cruzaban el exigente altiplano andino, a unos 4.000 metros de altitud sobre el nivel del mar, en su camino desde¬†Potos√≠ hasta el puerto de Arica, en el Pac√≠fico, donde se embarcaba el valioso mineral rumbo a Espa√Īa. A su paso, los colonizadores convirtieron poblados ind√≠genas en postas de abastecimiento de agua, pan, ma√≠z, le√Īa y vino y erigieron en ellos peque√Īas iglesias de adobe, piedras y paja brava. Una treintena de estos templos han sido restaurados en los √ļltimos a√Īos y forman parte de la¬†ruta de las misiones, que invita a conocer este tesoro cultural custodiado por las comunidades aymaras y adentrarse en paisajes casi desconocidos por el turismo.

A la inversa de lo que ocurr√≠a entonces, el viaje comienza ahora en Arica, el puerto de la ruta de la Plata del Potos√≠ que fue reemplazado por Buenos Aires a fines del siglo XVIII. La ciudad fue territorio peruano desde la independencia, en 1821, hasta que pas√≥ a manos chilenas en la guerra del Pac√≠fico, 60 a√Īos despu√©s. Hoy es posible pasar en unas pocas horas desde esta ciudad costera, con temperaturas medias de 20 grados cent√≠grados todo el a√Īo, hasta el fr√≠o altiplano, pero hacerlo supone arriesgarse al casi seguro mal de altura, por lo que conviene escalonar la subida en varios d√≠as para dar tiempo al cuerpo a aclimatarse.

En los alrededores, un mar de dunas doradas contrasta con el azul intenso de un cielo que raramente se nubla. El conjunto solo se rompe en los oasis que florecen a lo largo de los r√≠os de los valles bajos de la regi√≥n, como el Codpa. Cerca de su desembocadura, en Caleta V√≠tor, pueden encontrarse vestigios de la¬†cultura chinchorro, pescadores que habitaron la costa del desierto hace entre 7.000 y 1.500 a√Īos y se adelantaron a los egipcios en la momificaci√≥n de sus muertos.

Los gigantes geoglifos del valle de Lluta, a pocos kil√≥metros de Arica, y los petroglifos tallados en Ofrag√≠a, en la precordillera, guiaban a los caravaneros locales y reproduc√≠an escenas de su vida cotidiana hace ya mil a√Īos, mucho antes de la llegada del imperio Inca, primero, y del espa√Īol, m√°s tarde.

El vino m√°s antiguo de Chile

Los senderos de tierra en zigzag que comunican entre s√≠ las poblaciones se transitaron a pie y en mula hasta hace pocas d√©cadas, tal y como recuerdan los pobladores de la zona. "Ten√≠a ocho a√Īos cuando comenc√© a ir por los caminos troperos", dice el gu√≠a de monta√Īa Vicente Mamani. Junto a su t√≠o, Mamani descend√≠a desde Caquena, situado a 4.600 metros sobre el nivel del mar hasta Codpa para intercambiar charqui (carne seca de llama) por vino, fruta y vegetales cultivados en esta localidad cordillerana, que atrae cada oto√Īo a miles de personas para la fiesta de la vendimia. El dulce vino artesanal de Codpa, el¬†pintatani, respeta una receta de 400 a√Īos de antig√ľedad. La uva se deja secar al sol un par de d√≠as y despu√©s se pisa durante ocho o diez horas en un lagar con los pies descalzos.

A partir de la década de los 60, la migración desde el altiplano hacia Arica vació los poblados andinos, pero las comunidades han mantenido vivos los vínculos con las iglesias y sus fiestas ancestrales. La restauración de los templos, impulsada por la Fundación Altiplano con el respaldo del Gobierno provincial y del Obispado de Arica, busca devolverles su esplendor, pero también abrirlas a un turismo sostenible que permita que la población local regrese a su tierra.

Entre las joyas restauradas est√° el retablo del altar mayor de la iglesia de San Bartolom√© de Livilcar, de madera tallada y ba√Īado en pan de oro, y en proceso de restauraci√≥n la pintura mural del templo de San Andr√©s de Pachama, ambas de principios del siglo XVIII. De la misma √©poca son tambi√©n las dos iglesias que siguen en pie en el pintoresco poblado de Bel√©n, el epicentro de la ruta. Creado por los espa√Īoles, se convirti√≥ en un importante centro administrativo y evangelizador en la √©poca colonial y conserva calles adoquinadas y casas de adobe que han sido restauradas.

"Los pueblos que han habitado esta zona durante siglos tienen uno de los conjuntos patrimoniales más valiosos de América y queremos que las iglesias sean un motor de desarrollo para las comunidades que lo custodian", subraya Cristian Heinsen, titular de la Fundación Altiplano.

Sin luz ni teléfono móvil

Los viajeros tienen la oportunidad de dormir en las casas de los pobladores, comer platos elaborados con productos de sus huertas y terrazas y disfrutar de su hospitalidad en conversaciones no interrumpidas por los tel√©fonos m√≥viles, que se quedan sin se√Īal en numerosos puntos de la ruta. La ausencia de luz el√©ctrica en varios de los pueblos, como Codpa o Guallatire, enciende noches estrelladas de una belleza asombrosa y que invitan a la serenidad.

"A veces escucho que estamos en mitad de la nada, pero estamos en mitad de todo. Hay naturaleza, fauna, flora, agua...", dice √Ālvaro Merino, integrante de la Fundaci√≥n Altiplano, frente al imponente ca√Ī√≥n de Camarones, una de las vistas m√°s sobrecogedoras de esta ruta que atraviesa el desierto, la precordillera y el altiplano. Abajo se divisa el peque√Īo poblado prehisp√°nico de Esqui√Īa, el primero de todo el pa√≠s en funcionar √≠ntegramente con energ√≠a solar.

Las dunas desaparecen al tomar altura y comienza a aparecer m√°s vegetaci√≥n, en especial cactus candelabros. Pasados los 3.000 metros, tambi√©n estos dejan de verse y en el altiplano abunda la paja brava, las que√Īoas -el √ļnico √°rbol de la zona- y las llaretas, peque√Īos arbustos de aspecto musgoso. Entre ellas pastan vicu√Īas, llamas y alpacas.

A los cam√©lidos se le suman los flamencos en el salar de Surire, una parada imperdible. All√≠ convive una zona natural protegida con los √ļltimos integrantes de una comunidad aymara dedicados a la ganader√≠a y una explotaci√≥n minera de boro. Poco m√°s all√° del salar est√°n las termas de Polloquere, de aguas turquesas, en las que relajarse al final de un largo viaje.

La ruta está coronada por el poblado de Parinacota, a casi 4.400 metros sobre el nivel del mar y situado a la falda del volcán homónimo, de 6.342 metros, cuyo cráter nevado se refleja en las aguas del lago Chungará. Caminar por su orilla es seguir los pasos de los viajeros que, desde hace siglos, cruzan este corredor natural.