Per√ļ estrena su primera pel√≠cula en lengua aymara
Por: El País Viernes, Julio 21, 2017-Hrs.
Un fotograma de 'Eternidad'.

√ďscar Catacora, cineasta autodidacta nacido en Puno, la regi√≥n altipl√°nica del pa√≠s, en la frontera con Bolivia, estrena Wi√Īaypacha (Eternidad), el primer largometraje peruano rodado √≠ntegramente en aymara, y que cuenta la historia de una pareja de ancianos, abandonados por sus hijos, que viven a√Īorando una visita y mantienen sus costumbres de religiosidad respetuosa con la naturaleza, a 5.000 metros de altura.

Para realizarla, el director del filme logr√≥ una subvenci√≥n del Ministerio de Cultura en 2013, y esta semana recibi√≥ la noticia de que gan√≥ por unanimidad el Premio de distribuci√≥n que otorga anualmente la misma entidad. Con una financiaci√≥n de 30.000 d√≥lares, pretende proyectarla en dos ciudades de su regi√≥n, subtitularla en quechua, y llevarla en un ciclo itinerante por el pa√≠s. Pero antes, Catacora la proyectar√° por primera vez, en agosto, al p√ļblico peruano y extranjero del Festival de Cine de Lima que inicia en un par de semanas.

La pel√≠cula ha sido programada en la secci√≥n Hecho en Per√ļ, y compite -para el premio del p√ļblico y el del Ministerio de Cultura- con El Abuelo, Deliciosa fruta seca, Los ojos del camino, Nada queda sino nuestra ternura, y Pacificum: el retorno al oc√©ano.

El director coment√≥ a EL PA√ćS el origen del relato minimalista de dos personajes abandonados. "Se basa en mi vida en el pasado con mis abuelos, ve√≠a la ausencia de mis pap√°s y de sus otros hijos, mis t√≠os que viven en Lima, que pocas veces los visitaron; ve√≠a su nostalgia. Y ese abandono sigue ocurriendo porque muchos j√≥venes dejan su lugar".

Catacora, de 30 a√Īos de edad, explica que creci√≥ aprendiendo espa√Īol, pero que cuando ten√≠a seis o siete, sus padres acordaron mandarlo con sus abuelos para que aprendiera a hablar aymara. "Mi padre sobre todo no quer√≠a que aprenda, por ese estigma de que no es bueno para evitar que el ni√Īo tenga el mote (la forma de hablar espa√Īol de un ind√≠gena). Pero mi madre sent√≠a esa necesidad de que aprendiera. Convivir con mis abuelos fue etapa crucial en mi vida, en tres o cuatro meses empec√© a comunicarme con mi abuela, al inicio era solo con se√Īas. De regreso a casa, la primera vez, mi madre me dijo que hab√≠a vuelto como un aymara", recuerda.

"Al ganar el premio en 2013, mi compromiso fue filmar todo en el idioma nativo, en respuesta al Ministerio de Cultura, para agradecer que quede como un registro cultural e hist√≥rico-social de la cultura aymara, que es tambi√©n de mi identidad", a√Īade el director.

El dolor del deshielo

El cineasta vivi√≥ con sus abuelos en las alturas de Acora, en la zona sur-central de Puno. "En la zona alta donde viv√≠ hab√≠a bastantes nevados. Cuando escrib√≠ el guion de Wi√Īaypacha quer√≠a ese escenario muy parecido a mi historia, pero cuando fui al lugar para el scouting de locaciones, ya estaba todo descongelado, ya no hab√≠a lo que hab√≠a so√Īado", se√Īala por tel√©fono desde Puno.

"Al productor, Tito Catacora, que siempre me ha motivado y ayudado, le dije: " necesito un nevado". Gracias a él, fuimos a buscar en el norte de Puno y elegimos el Allincapac, en el distrito de Macusani (provincia de Carabaya)", refiere.

Dado que los protagonistas eran aymara-hablantes de unos de 80 a√Īos, Catacora requiri√≥ un equipo en el que todos hablaran la lengua.

"En el rodaje, todos los días era de deshielo constante de este nevado. Conversamos con el equipo de producción, ellos sentían ese dolor de los indígenas, de cuándo va a desaparecer. Se escuchaba explosiones, como si fueran bombas", describe.

En el mundo tradicional andino, los ancianos tienen mucha autoridad y el trato con los m√°s j√≥venes no es horizontal, por ello Catacora reclut√≥ a un int√©rprete aymara de unos 50 a√Īos, como asistente de director e intermediario con los protagonistas.

"Hay un aspecto cultural de respeto: solo los mayores pueden hablar, los j√≥venes no se meten. No es f√°cil que una persona de 29 interact√ļe con otra de 80. Tambi√©n fue un reto explicarles qu√© iban a hacer, porque el t√©rmino cine no existe para ellos, ni actuar, no han visto nunca una pel√≠cula", detalla.

El rodaje duró cinco semanas a 5.000 metros sobre el nivel del mar. "No podíamos filmar todos los días por el frío, necesitábamos tiempo para que el cuerpo se recupere, todos estuvimos agripados".

Puno es un faro cultural desde los a√Īos 20 del siglo pasado: all√≠ surgieron vanguardias andinas en poes√≠a y ensayo, con revistas literarias multiling√ľes que son conocidas poco a poco en la capital. Catacora aporta con su filme a la producci√≥n aymara de su regi√≥n.