El terremoto revela falta de rigor en la aplicación de normas de construcción
Por: The New York Times Lunes, Septiembre 25, 2017-Hrs.
Jose Mendez/European Pressphoto Agency

La devastación causada por el terremoto del 19 de septiembre en el centro de México ya ha resultado en cientos de muertes así como en la destrucción de más de una veintena de edificios.

Pero pudo haber sido peor, y fue considerablemente menor a lo que sufrió Ciudad de México en el sismo de 1985, el más mortífero en su historia.

La raz√≥n podr√≠a estar relacionada m√°s con c√≥mo fue el terremoto en s√≠ y, a diferencia de lo que muchos piensan, menos con los c√≥digos de construcci√≥n adoptados durante los √ļltimos treinta a√Īos.

Aunque las regulaciones de construcción de la capital mexicana son consideradas de las mejores del mundo, hay fallas en el cumplimiento, de acuerdo con académicos, oficiales e inspectores de obra.

La revisión de construcciones ha quedado en manos de una red de ingenieros o arquitectos que son contratados y pagados por los desarrolladores inmobiliarios y por las constructoras, lo que genera conflictos de interés que pueden socavar hasta los mejores estándares.

As√≠ que las regulaciones de construcci√≥n m√°s estrictas, el uso de diferentes materiales para la construcci√≥n y un conocimiento arraigado entre el p√ļblico de la importancia de la resistencia s√≠smica sin duda resultaron en que la devastaci√≥n fuera menor, con poco m√°s de 300 muertos en todas las zonas afectadas y unos 40 edificios colapsados en la capital.

Pero quizá lo que realmente salvó a esta zona metropolitana de 21 millones de habitantes, al menos parcialmente, fue la suerte.

El terremoto de 1985 fue de una magnitud casi 30 veces mayor que la del 19 de septiembre y derrumbó edificios residenciales, hoteles y oficinas, con más de 10.000 muertos.

Mientras que el sismo del martes tuvo un epicentro cercano a la capital, golpeó con más fuerza edificios más bajos y, por ende, menos poblados, y provocó así menos muertes.

"Son sismos muy diferentes y la diferencia está dada sobre todo en magnitud, pero también por distancia", dijo Eduardo Reinoso, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México experto en ingeniería sísmica. "Al ser este sismo uno mucho más cercano, de 80 a 100 kilómetros en comparación con 700 del anterior, el tipo de ondas que llegan a los edificios es muy distinto; estas fueron más cercanas mientras en el 85 los colapsos fueron de edificios altísimos por ser ondas acumuladas desde más lejos".

En un estudio liderado por Reinoso a partir de 150 edificios construidos despu√©s de 2004, la √ļltima gran reforma a la regulaci√≥n de construcciones, se hall√≥ en que muchos no cumpl√≠an con los est√°ndares oficiales. En varios casos, los edificios revisados ni siquiera ten√≠an el papeleo suficiente de planos y otros factores como para revisar por completo el cumplimiento.

Así que, como sucede con tantas cosas en México: el problema no es la ley, sino cómo se acata. Ya sea por falta de voluntad política, la corrupción presente en tantos sectores o la disfunción burocrática, una de las amenazas más mortíferas para el país no ha sido apropiadamente atendida.

"Hay constructoras que ya tienen a su director responsable de obra preferido y que construyen constantemente y contratan a ese DRO, lo que quiere decir que este es muy activo, conocido y tiene mucho trabajo", dijo Jorge Ortiz, ingeniero arquitecto que es uno de la centena de inspectores reconocidos por la ciudad. "Y en ocasiones el que tiene varias obras está menos, o no visita, durante todas las fases de construcción y ahí probablemente se den algunos descuidos".

De acuerdo con el estudio de Reinoso y otros, el 71 por ciento de los edificios que sí pudieron ser revisados no cumplían por completo con las normas técnicas oficiales, mientras que el 36 por ciento ni siquiera cumplió con un estándar menor.

"La autoridad no verifica ninguna parte del proceso relacionado con el riesgo s√≠smico y existen edificios por los que nadie responde ni a va a responder; existe una impunidad flagrante", se√Īala parte del estudio.

"Y a la industria de la construcci√≥n se le ha ido la mano. Le dan m√°s importancia a los acabados y a que se vea bonito a que haya un buen dise√Īo de la estructura", a√Īadi√≥ Reinoso en entrevista telef√≥nica.

La inspección de edificios construidos antes de la norma también llega a ser laxa. Parece haber sido el caso del Colegio Enrique Rébsamen, donde murieron 19 menores y 6 adultos tras el colapso de uno de los edificios.

La regulación establece que obras como las escuelas deben ser inspeccionadas después de un sismo. Después del terremoto del pasado 7 de septiembre, el de mayor magnitud en un siglo, un inspector sí fue a revisar el colegio Rébsamen. Este avaló la estructura, de acuerdo con Claudia Sheinbaum, la jefa delegacional de Tlalpan, donde se ubica la escuela.

"Vinieron a la escuela a verificar el edificio y dijeron que estaba bien", indicó.

En la ciudad todav√≠a hay decenas de miles de solicitudes para revisar posibles casos de da√Īo estructural, por lo que el estimado de da√Īos materiales ser√° mayor.

En este caso, como en la mayor√≠a de los esfuerzos de ayuda tras el sismo del 19 de septiembre, una legi√≥n de voluntarios se ha sumado para ayudar con las inspecciones y peritajes. Grupos y colegios de ingenieros, arquitectos y organizaciones no gubernamentales han visitado varias estructuras que podr√≠an estar en riesgo de colapso o de afectar a edificios aleda√Īos y quienes pasen por enfrente.

Aunque todo podría haber sido peor, integrantes de la comunidad de ingenieros esperan que todo esto genere una revisión al sistema de inspecciones por parte de terceros como los directores responsables de obra.

"Nos preocupa que si hay un gran terremoto como el de 1985 tendremos problemas en más edificios", dijo Sergio Alcocer, vicepresidente del Colegio de Ingenieros Civiles y exencargado de investigación para el Centro Nacional de Prevención de Desastres. "Es una llamada de atención".

Alcocer dijo que, aunque el sistema no es perfecto, agradece que algunas estructuras grandes sí aguantaron las fuerzas sísmicas del martes. Pero indicó que teme que los desarrolladores, que llegan a contratar a los ingenieros más baratos que no necesariamente conocen las normas técnicas en materia sísmica, podrían quedarse con la lección equivocada si sus obras no colapsaron con el terremoto.

"Si es otro tipo de sismo, podría haber problemas en los edificios que aguantaron este", dijo.

Otro movimiento tel√ļrico de magnitud 6,1 y registrado el s√°bado en la ma√Īana con epicentro en el estado de Oaxaca llev√≥ a los habitantes tensos de Ciudad de M√©xico a evacuar de inmediato, muchos incluso en su pijama; en Juchit√°n -la zona m√°s afectada por el terremoto del 7 de septiembre, de cual este del s√°bado fue r√©plica- varias estructuras m√°s fueron da√Īadas y colapsaron, as√≠ como un puente.

Ning√ļn sismo puede considerarse id√©ntico a otro, incluso dos que azotan la misma regi√≥n en el mismo d√≠a, a tres d√©cadas de distancia. El terremoto de 1985 y el del martes ocurrieron en la misma zona de subducci√≥n, donde las placas chocan, excepto que el m√°s reciente fue un sismo intraplaca; por esa raz√≥n se present√≥ m√°s cerca de Ciudad de M√©xico que en la costa del Pac√≠fico donde muchas veces se registran los epicentros.

El movimiento tel√ļrico de 1985, de magnitud 8,1, emiti√≥ unas 30 veces m√°s fuerza que el de 7,1 del 19 de septiembre pasado. Pero su epicentro fue a mucha mayor distancia.

También hubo otras diferencias claves: el del 85 tuvo mayor profundidad y distinta orientación de las fallas (la dirección en la que se movieron).

Esos factores desembocaron en un menor saldo de estructuras colapsadas -unas 350 hace tres décadas y casi una décima parte de eso el martes- y de muertes. A días del sismo, la cifra de fallecidos seguía creciendo, pero el saldo final no estará ni cerca de los más de 10.000 que se estima que fallecieron en 1985.

Por lo general, un sismo más poderoso crearía más temblor y destrucción. El que se origine a mayor lejanía habría reducido el impacto.

Sin embargo, en el caso del 85, la mayor distancia del epicentro fue una cuesti√≥n cr√≠tica en cuanto a qu√© edificios resultaron m√°s da√Īados o destruidos. Despu√©s del sismo, los ingenieros notaron un patr√≥n en la destrucci√≥n: de las cientos de estructuras con da√Īos severos o colapsos, la mayor√≠a eran de entre 6 a 16 pisos.

La raz√≥n fue que las ondas de alta frecuencia generadas por el sismo se disiparon hacia Ciudad de M√©xico y esta fue alcanzada por ondas de menor frecuencia. Fue algo similar a como cuando uno escucha m√ļsica a la distancia, los sonidos del tiple no se perciben tanto como el bajo.

Durante el terremoto, esas ondas de menor frecuencia golpearon a la ciudad en intervalos de aproximadamente un segundo. Eso es similar a la resonancia natural de edificios de 18 a 50 metros de alto.

Las ondas sucesivas hicieron que esos edificios altos se mecieran m√°s y m√°s y los sedimentos de zona de lago sobre los cuales est√° construida la ciudad -y que amplifican el movimiento tel√ļrico- empeoraron este hasta que las estructuras colapsaron.

No obstante, en el sismo del martes "no hab√≠a tanta distancia como para que fueran absorbida la energ√≠a de mayor frecuencia", se√Īal√≥ Gavin Hayes, geof√≠sico del Sistema Geol√≥gico de Estados Unidos. Conforme las ondas m√°s cortas y r√°pidas llegaron a la ciudad, los edificios m√°s bajos vibraron hasta colapsar y las estructuras m√°s altas, por lo general, no presentaron derrumbes.

Tiende a haber menos gente en edificios bajos; el saldo por ende ha sido menor.

Pero no todos los edificios de mayor altura libraron el movimiento. En la colonia Portales Sur, cercana a la Narvarte, zona de cada vez mayor gentrificaci√≥n, han sido construidos varios edificios habitacionales que atraen a, entre otras personas, profesionistas j√≥venes que quieren ser due√Īos de su primer inmueble.

Un residencial de seis pisos cuya construcci√≥n termin√≥ apenas el a√Īo pasado y donde los departamentos fueron entregados hace unos meses promet√≠a la m√°xima tecnolog√≠a con sistemas de captaci√≥n de agua pluvial y p√°neles solares, con un costo promedio de 2,5 millones de pesos, o 150.000 d√≥lares, por apartamento.

Es uno de los edificios que colapsó el martes y cuyo derrumbe causó la muerte de dos personas. Los restos están derruidos y son una mezcla de metal y concreto fracturados, una muestra clara de las inspecciones laxas y de mala calidad que han aumentado conforme la vorágine de desarrollo inmobiliario se ha disparado en la ciudad, de acuerdo con oficiales y expertos.

Los habitantes y propietarios de departamentos en ese edificio sobre la avenida General Emiliano Zapata ahora buscan posibles recursos legales dado que el edificio parece no haber cumplido con las normas para tener una estructura resistente a sismos y el director responsable de obra no parece haber detectado o reportado tales falencias.

Los residentes no saben qué más hacer. La mayoría de ellos no tenían seguro contra sismos o incluso seguro de casa y los vecinos indicaron que el desarrollador les envió un correo en el que dice que el sismo fue un evento fortuito, un aparente intento de desindarse de las responsabilidades.

"Es impresionante que esto se ve en un edificio nuevo. Seguramente en una sola mano se pueden contar los edificios con meses de antig√ľedad que tuvieron este nivel de da√Īo", dijo Luis Res√©ndiz, fot√≥grafo de 35 a√Īos que llevaba a√Īos ahorrando para comprar un departamento, su primero. "Es el trabajo de muchos a√Īos y est√° aqu√≠, perdido".