Batalla en Argentina para frenar reforma de pensiones
Por: El Pa铆s Lunes, Diciembre 18, 2017-Hrs.
Manifestantes rodean a un grupo de polic铆as durante los disturbios frente al Congreso argentino.
Eitan Abramovich / AFP

Argentina demostr贸 una vez m谩s que es el pa铆s de Latinoam茅rica donde es m谩s dif铆cil sacar adelante reformas impopulares. Una masiva movilizaci贸n a las puertas del Congreso, con fuertes disturbios que hicieron retroceder a la polic铆a varias veces, trat贸 de frenar el segundo intento de Mauricio Macri de aprobar la pol茅mica reforma de las pensiones. Pero esta vez no lo estaban logrando. El debate segu铆a dentro del hemiciclo mientras los manifestantes ganaban paso a paso terreno a base de piedrazos y se colocaban muy cerca de poder entrar al palacio. Solo cuando se acercaron demasiado, la polic铆a local decidi贸 pedir refuerzos a la federal, cargar con todo y lanzar gases lacrim贸genos para recuperar el control de la plaza. El kirchnerismo exig铆a al Gobierno que suspendiera la sesi贸n mientras la aliada de Macri Lilita Carri贸 hablaba de "golpe de Estado" en medio de unas im谩genes que no se ve铆an en Argentina desde la crisis de 2001.

La semana pasada, el esc谩ndalo de los disturbios y la tensi贸n dentro del Congreso forzaron a levantar la sesi贸n. Esta vez el Gobierno aprendi贸 la lecci贸n y cambi贸 en dos frentes. Primero, busc贸 m谩s apoyos de los parlamentarios, con un pacto con algunos gobernadores peronistas y un compromiso de dar a los pensionistas una paga extra que suavizara la p茅rdida de poder adquisitivo. Y despu茅s, dio 贸rdenes a la polic铆a para que resistiera sin forzar una represi贸n brutal. A煤n as铆, los disturbios crec铆an y la situaci贸n se hac铆a m谩s insostenible cada minuto. "Frene esta locura", le ped铆an los diputados kirchneristas al presidente del Congreso, Emilio Monz贸, empe帽ado en seguir adelante para demostrar que una manifestaci贸n no puede impedir los trabajos de un Congreso en el que Macri ha logrado trenzar una inestable mayor铆a con el apoyo de algunos peronistas.

Los disturbios se pod铆an seguir en directo en televisi贸n con una cobertura con decenas de c谩maras que por momentos parec铆a una pel铆cula de acci贸n, con avances y retrocesos de una enorme masa de manifestantes dispuesta a todo para intentar frenar la sesi贸n del Congreso. Las 贸rdenes de la polic铆a de no responder eran absolutamente evidentes y en ocasiones quedaron acorralados a pocos metros de los manifestantes. La polic铆a, desesperada, respond铆a a veces tambi茅n a piedrazos, en una escena de descontrol absoluto. Las primeras cifras hablan de 80 heridos, la mitad de ellos polic铆as, y unos 40 detenidos. En medio del caos tambi茅n fueron agredidos con extrema violencia algunos periodistas, como el cronista de TN Julio Baz谩n, que sufri贸 todo tipo de golpes por la espalda y se libr贸 de ser linchado cuando pudo huir por el metro. Las im谩genes de su intento de linchamiento fueron especialmente dram谩ticas. El terror y el caos alejaron a la gente del centro, que se convirti贸 en un escenario de batalla con menos tr谩fico que un domingo.

La sesi贸n en el Congreso fue el resultado de una estudiada estrategia pol铆tica, desplegada en varios frentes a la vez. El fracaso del jueves, en la que el Gobierno no consigui贸 quorum para iniciar la sesi贸n y la gendarmer铆a reprimi贸 con gases y balas de goma a los manifestantes fuera del Congreso, oblig贸 a Macri a pactar con el peronismo los votos y a cambiar el esquema de seguridad. El Congreso fue blindado como aquel d铆a, pero en lugar de la Gendarmer铆a, una fuerza militarizada a cargo del control de las fronteras, la seguridad estuvo a cargo de la polic铆a de la ciudad. La decisi贸n supuso el desplazamiento de una fuerza nacional por una comunal. Y fue un mensaje para la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, criticada hasta por aliados de Macri por lo que consideraron el jueves una exhibici贸n innecesaria de fuerza.

Esta vez, el cambio de estrategia fue evidente. Decenas de manifestantes arrojaron piedras y bombas de estruendo contra polic铆as que resistieron durante m谩s de una hora tras sus escudos de acr铆lico antes de responder con bombas de gas y bolas de goma. La orden ha sido aguantar todo lo posible para evitar las postales del jueves. Mientras la cabecera de la protesta se resolv铆a con violencia, los partidos de izquierda y movimiento sociales m谩s combativos cortaron los principales accesos a la ciudad, sobre todo los puentes que cruzan el r铆o hacia el sur y las autopistas que llegan desde el norte y el oeste, y realizaron piquetes en las principales avenidas. A la movilizaci贸n en la calle se le sum贸 una huelga general de la Confederaci贸n General del Trabajo (CGT), la central peronista m谩s poderosa del pa铆s, una decisi贸n que puso fin a la tregua que mantuvieron hasta ahora con el Gobierno. La huelga arranc贸 al mediod铆a del lunes y no alcanz贸 en el arranque al transporte, una estrategia para facilitar la movilizaci贸n.

Mientras la CGT iba a la huelga y los grupos piqueteros sal铆an a la calle, el Gobierno desplegaba todos los recursos pol铆ticos a su alcance para garantizar los votos a la reforma. Antes de la sesi贸n, Macri consigui贸 que la mayor parte de los gobernadores peronistas, donde reside el poder territorial fuera de Buenos Aires, dieran su apoyo expl铆cito a la reforma con una foto que los reuni贸 en el Congreso. No fue un apoyo gratuito, para ninguna de las dos partes. La reforma de las jubilaciones form贸 parte del pacto fiscal que el Presidente firm贸 con las provincias en noviembre pasado. El texto comprometi贸 a los gobernadores a reducir el d茅ficit de sus administraciones y a dar apoyo a las reformas estructurales que impulsa la Casa Rosada tanto en jubilaciones como en el sistema tributario. A cambio, los gobernadores consiguieron los fondos necesarios del gobierno central.

La reforma jubilatoria es un gran desaf铆o para Macri, por el rechazo que genera entre los argentinos cualquier cambio que pueda suponer una bajada de los ingresos. Los 谩nimos no son los mejores para cambios, como se ha hecho evidente en la calle. La propuesta oficial no apunta a cambios estructurales, sino a la forma en que se calcula la actualizaci贸n de los haberes en un pa铆s con la segunda inflaci贸n m谩s alta de Am茅rica Latina, despu茅s de Venezuela. El krichnerismo ide贸 una ecuaci贸n que tomaba en cuenta el aumento de los ingresos en el sistema y la subida de precios con actualizaciones dos veces por a帽o. El macrismo pretende cambiar esa f贸rmula por otra que define el porcentaje de aumento seg煤n la subida de los salarios formales y la inflaci贸n, con actualizaciones trimestrales. El problema ha sido que la cuenta dio negativa para los jubilados. Seg煤n los c谩lculos de los expertos, el nuevo 铆ndice otorgar谩 una subida de 5,7%, frente al 14% de la f贸rmula actual.

El argumento oficial es que es cuesti贸n de tiempo para que el nuevo sistema finalmente "empalme" con el nuevo, es decir que a largo plazo las subidas ser谩n similares y se estabilizar谩n a medida que baje la inflaci贸n, como espera el Gobierno. Para compensar la p茅rdida inicial y tras el fracaso legislativo de la semana pasada, Macri ofreci贸 a los diputados m谩s dubitativos que el Estado aporte en marzo de 5.000 millones de pesos (294 millones de d贸lares) a repartir entre nueve millones de jubilados. El bono ha sido clave para destrabar los votos que necesita Macri en Diputados, pero no convenci贸 a la oposici贸n, que prometi贸 mantener el pulso contra la reforma.

"No tienen verg眉enza de quitar a los que menos tienen"

Mar Centenera

"Todos seremos jubilados", "No al recorte previsional", "Basta de estafar a los jubilados", pod铆a leerse en algunas pancartas de las decenas de miles de personas que este lunes salieron a las calles de Buenos Aires para rechazar la reforma del sistema de pensiones impulsada por Mauricio Macri. "Esta reforma no va a pasar, vayamos todos a la huelga general", "Oh oh oh, sos ladr贸n, Macri, sos ladr贸n", cantaban las columnas de manifestantes de camino al Congreso, donde los diputados votan hoy el proyecto de ley. Pero sus mensajes quedaron opacados por la violencia desatada en la cabecera de la movilizaci贸n, en medio de la plaza frente al Congreso.

La polic铆a aguant贸 bajo sus escudos los piedrazos y petardos que lanzaban los manifestantes contra ellos durante poco m谩s de una hora. La tensi贸n estall贸 en la plaza cuando se supo que el Gobierno ten铆a el n煤mero de legisladores suficientes para debatir la reforma. Frente a los piedrazos que recib铆a, la polic铆a comenz贸 a reprimir con carros hidrantes, gases lacrim贸genos y balas de goma. El avance policial no hizo m谩s que calentar los 谩nimos y la plaza se convirti贸 en el escenario de una batalla campal mientras las ambulancias iban y volv铆an con heridos.

Dos horas despu茅s del inicio de los disturbios, gran parte de la movilizaci贸n pac铆fica parec铆a ajena a lo que ocurr铆a centenares de metros m谩s arriba y ante el colapso de las redes de telefon铆a m贸vil la pregunta que m谩s se repet铆a era: "驴Y dentro? 驴Se ha suspendido la sesi贸n?". La decepci贸n se dibujaba en sus caras al saber que los diputados manten铆an el debate. "No tienen verg眉enza de quitar a los que menos tienen. Subi贸 el precio de todo y ahora nos quieren recortar el sueldo", se lamentaba Josefina Snead, jubilada de 84 a帽os. A su lado, Marisa Parrera se quejaba de que han reducido el n煤mero de medicamentos incluidos en la cartilla de la seguridad social y su precio se ha disparado "hasta un 200% en dos a帽os".

Con el paso de las horas, la violencia se extendi贸 tambi茅n a calles cercanas y numerosos participantes de la marcha, asustados y afectados por los gases, optaron por retirarse, al menos durante unas horas. "Los gases la hicieron vomitar, nos vamos porque se puso muy feo, pero vamos a volver", dec铆a Emilia, una joven de 21 a帽os, que se alejaba de all铆 mientras sosten铆a por la espalda a una amiga.