La revuelta permanente de Nicanor Parra
Por: Jorge Carrión / The New York Times Miércoles, Enero 24, 2018-Hrs.
Mario Ruiz/European Pressphoto Agency

 

Nicanor Parra, que consagr√≥ su vida a luchar contra la pomposidad de los n√ļmeros redondos, ha muerto hoy, 23 de enero de 2018, a los 103 a√Īos,¬†exactamente ochenta despu√©s de que le declarara "la guerra a la met√°fora".

F√≠sico experto en teor√≠a de la relatividad y¬†en cosmolog√≠a, formado durante los a√Īos 40 en las universidades de Brown y de Oxford, fue desde muy joven se√Īalado por Gabriela Mistral como el futuro gran poeta de Chile. Y por los lectores como el gran antagonista de Pablo Neruda.

Sobre todo desde la publicaci√≥n de¬†Poemas y antipoemas en 1954. Un¬†libro que es parteaguas o sismo, que abunda en la grieta ontol√≥gica que hab√≠an abierto Auschwitz, Hiroshima y el Gulag. Un libro que, desde un rinc√≥n del Cono Sur, y¬†al mismo tiempo que -en un sentido muy distinto, pero extra√Īamente complementario- tambi√©n lo hac√≠a la obra de Paul Celan, rebati√≥ la sentencia de Theodor Adorno y¬†logr√≥ que la poes√≠a siguiera siendo pertinente despu√©s de los campos de concentraci√≥n. Tal vez m√°s pertinente que nunca, porque su vocaci√≥n es precisamente tender puentes sobre las grietas y nunca estuvo nuestra realidad tan agrietada como desde entonces.

Si la mejor poesía de Neruda es la vanguardista, la que narró con vértigo metafórico en Residencia en la tierra (1925-1935) la angustia furiosa del yo en una fragmentaria vuelta al mundo; la mejor poesía de Parra es toda, porque consiguió que la fuerza de Trilce no muriera en París tras el aguacero, sino que atravesara la segunda mitad del siglo XX y llegara hasta nosotros, a orillas del XXI.

Convirtió su vida en gesto vanguardista, en revuelta permanente, expandiendo la vanguardia hasta convertirla en una dimensión más de la poesía y de la literatura y de la cultura. En sus libros y en su arte siguieron vibrando el collage o el dadaísmo de la época de entreguerras; y encontró espacio el latido beatnik (el editor, poeta y librero Lawrence Ferlinghetti publicó Antipoems en City Lights); y el activismo comunista o ecologista supo convivir con la risa, la burla, la ironía y la deconstrucción; y la resistencia al terror de Augusto Pinochet se expresó a través de fórmulas retrospectivas (recuperando la lógica de Quebrantahuesos) o pessoana (con el heterónimo del Cristo de Elqui).

"Me pronuncio por la plegaria mental/ soy enemigo de la plegaria verbal/ a pesar de no tener velas en ese entierro/ puesto que soy un librepensador", dice con esa voz en el poema XVIII de¬†Sermones y pr√©dicas del Cristo de Elqui (1977). Y en el XXIV: "El general Ib√°√Īez me perdone/ en Chile no se respetan los derechos humanos/ aqu√≠ no existe libertad de prensa/ aqu√≠ mandan los multimillonarios".

No dej√≥ t√≠tere con cabeza ni instituci√≥n sin bomba con el reloj activado en cuenta atr√°s. Desde la Literatura, la¬†Patria y la Iglesia, hasta la Academia Sueca y las viudas literarias ("Lo que yo necesito urgentemente/ es una Mar√≠a Kodama/ que se haga cargo de la¬†biblioteca/ alguien que quiera fotografiarse conmigo/ para pasar a la posteridad"), pasando sobre s√≠ mismo, sobre su propia poes√≠a. ("¬ŅQu√© es¬†antipoeta?", se pregunta en el primer verso de "Test", y concluye: "Marque con una cruz/ la definici√≥n que considere correcta").¬†Sobre su propia tumba.

Nicanor Parra sobrevivi√≥ a muchos de sus hijos heterodoxos, geniales, felizmente desviados, como¬†Pedro Lemebel o Roberto Bola√Īo.¬†En estos momentos,¬†en¬†Poes√≠a Brossa, la exposici√≥n que el Museo de Arte Contempor√°neo de Barcelona dedica al gran poeta conceptual catal√°n¬†-que en 1992 comparti√≥ una muestra en Valencia con el chileno-¬†se pueden ver muchos de sus √ļltimos antipoemas, como el que rinde homenaje al autor de¬†Los detectives salvajes uniendo en un √ļnico cuadro la doble p√°gina de una revista con fotograf√≠as del novelista y el titular "Adi√≥s, Bola√Īo", y una cita de¬†Hamlet manuscrita por el propio Parra: Good night, sweet prince.

Pero mi sensaci√≥n es que su herencia no solo pervive en sus herederos directos (como Ra√ļl¬†Zurita o Enrique Lihn), sino que ha empapado la cultura chilena y se ha filtrado en las ra√≠ces y en los laboratorios y en las facultades de letras y en las noches putrefactas. Que ya no es posible pensar en Chile sin la influencia del viejo Parra.

Quiero creer que el matemático poeta ha cerrado los ojos después de ver cómo sus nietos cuestionaban, con arte y con crítica, la violencia institucional y la solemnidad monumental del Chile más rancio, tanto en el ámbito de la literatura (La dimensión desconocida de Nona Fernández) como en el del cómic  (Anticristo de Javier Rodríguez) o en el del cine (El club y Neruda de Pablo Larraín).

Quiero creer que antes de entrar en el √ļltimo¬†t√ļnel fue consciente de que su pa√≠s recib√≠a con frialdad y rabia y sobre todo con indiferencia¬†al Papa Francisco y que por eso, y por todo lo dem√°s en m√°s de un siglo de literatura e irreverencia, en esa tumba que imagino junto al mar resonar√° una carcajada antipo√©tica.