Costa Rica elige presidente entre el desencanto y el fervor religioso
Por: The New York Times S√°bado, Febrero 03, 2018-Hrs.
Juan Carlos Ulate / Reuters

 


Costa Rica concluye este domingo la campa√Īa electoral m√°s incierta en setenta a√Īos, con una disyuntiva para mantener su bienestar social y su tradici√≥n conservadora.

A una semana de los comicios, un 37 por ciento de quienes dec√≠an que iban a votar se declaraba indeciso, seg√ļn una encuesta que public√≥ la Universidad de Costa Rica (UCR) este mi√©rcoles. Cinco de los trece candidatos presidenciales inscritos encabezan las preferencias, pero ninguno llega siquiera a la mitad del 40 por ciento necesario para evitar una segunda ronda en abril.

El dilema central de esta campa√Īa se refleja en la popularidad de dos candidatos ex√≥ticos que han sabido explotar el sentimiento popular antipol√≠tico y religioso. Entre los cinco aspirantes en competencia destacan el abogado medi√°tico Juan Diego Castro y el predicador evang√©lico Fabricio Alvarado, quienes han logrado posicionar una ret√≥rica eficaz ante un sector de electores que pide¬†mano dura y profundizar el conservadurismo religioso.

Con sus partidos diminutos, ambos candidatos ponen a prueba la tradici√≥n pol√≠tica del pa√≠s, representada por el gobernante Partido Acci√≥n Ciudadana (PAC) y por el Partido Liberaci√≥n Nacional (PLN) y por Unidad Social Cristiana (PUSC). Los dos √ļltimos se han disputado el poder por d√©cadas hasta 2014, cuando gan√≥ la presidencia el acad√©mico de centroizquierda Luis Guillermo Sol√≠s.

La victoria de Solís en 2014 fue una apuesta de los costarricenses por un cambio "a la tica", como llaman aquí a las formas moderadas y conciliatorias. Aunque las altas expectativas en su gestión no se cumplieron, su partido y los dos que han gobernado insisten, desde enfoques distintos, en reforzar el modelo de bienestar igualitario y desarrollo medio (el quinto puesto en América Latina) del que se ufana Costa Rica. Esas condiciones que enorgullecen a los costarricenses ahora están amenazadas por la situación fiscal y la dificultad para cubrir las demandas de una población preocupada por el empleo, el costo de la vida y el deterioro de la seguridad.

Los nuevos actores que han irrumpido en el tablero comparten la defensa del modelo tradicional, pero desde énfasis extremos, como una "democracia sin partidos políticos", en el caso de Castro, o de priorizar "la defensa de los valores", como llaman Fabricio Alvarado y otros líderes cristianos a su agenda conservadora.

Su ascenso en las encuestas se atribuye en gran medida a la amplia reacci√≥n popular contra un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitido a principios de este a√Īo, que obliga al Estado a aprobar el matrimonio entre parejas del mismo sexo y permitir el cambio de g√©nero en el registro civil a personas transexuales.

El fallo del 9 de enero, una respuesta a la consulta presentada en 2016 por el gobierno de Costa Rica para avanzar en derechos de las minorías sexuales, parecía ser un golpe a la agenda política de los dirigentes de iglesias cristianas.

Pero, mientras activistas por los derechos LGTBI a√ļn celebraban, en la sociedad se endureci√≥ "la defensa de los valores" basados en el catolicismo que profesan siete de cada diez costarricenses, y que la Constituci√≥n pol√≠tica establece como religi√≥n oficial del Estado, un caso √ļnico en el continente.

Sin pretenderlo, la decisi√≥n de la Corte provoc√≥ un giro violento a la campa√Īa, que hasta entonces gravitaba en torno al desencanto generalizado con la pol√≠tica y el temor de un sector ante el ascenso del discurso autoritario de Juan Diego Castro, quien en diciembre lleg√≥ a colocarse en la cima de la intenci√≥n de voto.

Los partidos pierden terreno

Las fuerzas cristianas se aglutinaron y elevaron repentinamente en las encuestas a Fabricio Alvarado, principal representante de las fuerzas cristianas de poder creciente en alianza con las autoridades del catolicismo en Costa Rica. Un fenómeno que ya es tendencia en América Latina y que ha influido con fuerza en procesos electorales en Brasil, Chile, Colombia y Guatemala.

La semana posterior al fallo de la Corte, miles de seguidores hicieron que se multiplicara por cinco la intenci√≥n de voto a favor de Alvarado, un exreportero de noticias de crimen en televisi√≥n y cantante de m√ļsica cristiana de 43 a√Īos, que lleg√≥ a proponer el retiro de Costa Rica de la Corte internacional, cuya sede est√° aqu√≠, en San Jos√©.

Mientras los candidatos Antonio √Ālvarez (PLN), Rodolfo Piza (PUSC) y el oficialista Carlos Alvarado (√ļnico progresista) descend√≠an o se estancaban en las encuestas, Castro (PIN) y Fabricio Alvarado (RN) lograron escalar en modos distintos hasta convertirse en candidatos con posibilidades serias de llegar a una posible segunda vuelta en abril.

La confusi√≥n electoral ha sido tal que las principales televisoras se han visto en aprietos para saber a cu√°ntos y cu√°les candidatos presidenciales invitar a sus debates. Han dudado en invitar al oficialista Carlos Alvarado, quien recibi√≥ durante la campa√Īa una baja intenci√≥n de voto (cerca del seis por ciento), aunque en el cierre logr√≥ entrar en la disputa por una de las dos plazas en una segunda ronda.

El joven candidato oficialista, de 38 a√Īos, paga la factura por una gesti√≥n de altibajos del gobierno despu√©s de las altas expectativas que hab√≠a generado el triunfo de Luis Guillermo Sol√≠s. Ahora el PAC, nacido en el a√Īo 2000, tambi√©n es objeto del descontento popular contra las agrupaciones pol√≠ticas nuevas o viejas, tradicionales o alternativas, estatistas o promercado.

Antes de la campa√Īa, siete de cada diez costarricenses rechazaban seguir a alg√ļn partido pol√≠tico, aunque la confianza en el sistema electoral se mantiene alta. La agrupaci√≥n m√°s grande en simpatizantes y presencia parlamentaria, PLN, ha sufrido el efecto de manera m√°s grosera.

Lo reconoce su candidato Antonio √Ālvarez Desanti, un pol√≠tico veterano y rico empresario del sector bananero e inmobiliario que tiene altas posibilidades de pasar a una segunda ronda. Esto a pesar de haber perdido gradualmente la fuerza de inicios de su campa√Īa, a la que entr√≥ con sus ideas de "socialdem√≥crata de empresa privada", como se autodefine, y el respaldo clave del exmandatario √ďscar Arias. Su imagen de hombre cambiante y su falta de carisma le juegan en contra, sobre todo frente a la ret√≥rica contundente y emotiva de Castro o del predicador Alvarado.

El "shock religioso", como lo llamaron investigadores de la Universidad de Costa Rica (UCR), agregó incertidumbre en las previsiones electorales, pero sobre todo modificó los criterios de la discusión política.

Con excepci√≥n del representante del oficialismo, los candidatos adaptaron su discurso para atraer el voto conservador. En las entrevistas y debates se redujo el espacio dedicado a los problemas que los costarricenses se√Īalan como principales: el desempleo (estancado en los bordes del 10 por ciento), la inseguridad (con una cifra r√©cord de homicidios en 2017, equivalente a una tasa de 12 por cada 100.000 habitantes) o la corrupci√≥n. Esta fue uno de los ejes de la discusi√≥n al inicio de la campa√Īa, en octubre, por un caso que revel√≥ una trama de tr√°fico de influencias vinculada al mercado local del cemento que cruz√≥ a los tres poderes de la Rep√ļblica y a varios partidos.

Religión o amenaza fiscal

A Laura Fuentes, doctora en Sociología de la Religión e investigadora de la Universidad Nacional (UNA), no le sorprende el fortalecimiento de las iglesias cristianas en Costa Rica, un fenómeno que "coincide con el desdibujamiento de las identidades políticas o partidarias".

Fuentes se√Īala que se trata de "la cristalizaci√≥n de tres d√©cadas de trabajo pol√≠tico de iglesias evang√©licas, que al principio solo ten√≠an impacto en sus fieles y despu√©s fue m√°s all√° al aliarse con la Iglesia cat√≥lica, en una agenda que lleva al √°mbito p√ļblico asuntos de car√°cter privado, √≠ntimo".

Para el polit√≥logo Vargas Cullell, director del Programa Estado de la Naci√≥n -un proyecto acad√©mico que estudia la realidad nacional desde hace veintitr√©s a√Īos-, hay un desfase entre la realidad del pa√≠s y el debate electoral.

Vargas se√Īala que "el electorado no est√° presionado por la inflaci√≥n (2,6 por ciento en 2017), por una crisis econ√≥mica (crecimiento del PIB superior al tres por ciento) o un desempleo disparado (tasa del nueve por ciento)". La econom√≠a macro no anda mal en el contexto de Am√©rica Latina. Lo que ocurre, sostiene, "es que el sistema es vulnerable y que sigue pendiente una soluci√≥n a los reg√≠menes de pensiones deficitarios y el acuerdo pol√≠tico que requiere el pa√≠s para una reforma fiscal ante un problema serio de solvencia del Estado (d√©ficit superior al seis por ciento del PIB) que puede afectar el empleo, la inversi√≥n, la reputaci√≥n internacional... las tasas de inter√©s".

En agosto, a causa de la situaci√≥n fiscal del pa√≠s -la peor desde 1982-, el presidente Sol√≠s hizo p√ļblica una alarma por falta de liquidez y dificultad para atender servicios esenciales. En enero la calificadora internacional Fitch Ratings baj√≥ la calificaci√≥n de riesgo de inversi√≥n de Costa Rica. Una semana despu√©s, la agencia Bloomberg report√≥ una ca√≠da en el precio de los bonos costarricenses en d√≥lares, como reflejo de la incertidumbre agravada por la "monta√Īa rusa electoral", en coincidencia con el s√ļbito ascenso del candidato evang√©lico.

La "fiesta electoral", como se llamaba hasta hace poco a la campa√Īa en este pa√≠s de tradici√≥n democr√°tica fuerte y vigente, llega a la hora cero inmersa en la incertidumbre por los candidatos que podr√≠an pasar a una segunda ronda muy probable, programada para el 1 de abril.

Esta es la fecha que coincide, por azar, con la celebración en las calles del Domingo de Resurrección, el cierre de la Semana Santa.