El mundo Mundial: El c√°ntaro, la fuente
Por: Martín Caparrós/ The New York Times Jueves, Julio 12, 2018-Hrs.
Alberto Estévez /EFE

Ahora lo llaman f√ļtbol directo, pero mi t√≠a Porota lo llamaba f√ļtbol amarrete. Y su marido, Cacho, f√ļtbol gonca; en mi familia nunca fueron finos, por lo menos para hablar de f√ļtbol. Lo llaman f√ļtbol directo y ensalzan la astucia de esos equipos que desde√Īan la posesi√≥n de la pelota y dejan que la tengan los de enfrente para lanzar veloces contraataques, cabalgatas de reyes. Para ellos este partido -entre otros- puede ser una buena lecci√≥n, disfrazada de viejo refr√°n castellano: tanto va el c√°ntaro a la fuente que al final se rompe. O, dicho de otro modo: si te dejas atacar una vez y otra vez hay muchas chances de que en alguna te entre un pepinazo.

Eso fue lo que le pas√≥ esta tarde a la P√©rfida Albi√≥n. La P√©rfida se encontr√≥, a los cinco minutos, con el partido m√°s dulce de su historia: un gol de ventaja casi regalada contra un rival mediocre. Fue, otra vez, la famosa pelota parada. Trippier, un marcador de punta que dice ser un estudioso de Beckham -una materia que no se ense√Īa en todos los colegios-, clav√≥ un tiro libre en un √°ngulo; todo eran smiles y el futuro, venturoso, tan ingl√©s.

De ahí en más Croacia dedicó casi sesenta minutos a mostrar su medianía. Con ese mediocampo tan loado de Rakitic y Modric no era capaz de armar media jugada. Inglaterra, agazapado, corría de tanto en tanto como para decir en cuanto quiera los remato, y le creíamos: era verosímil.

Era, también, repetitivo: croatas llegando cerca del área inglesa, buscando un camino, perdiendo la pelota, ingleses amenazando un despliegue rápido que nunca terminaba, croatas recuperando la pelota y armando un avance más lento para acercarse al área inglesa, buscando un camino, perdiendo la pelota, ingleses amenazando y todas esas cosas.

Hasta que un centro lejano que no parec√≠a traer peligro se transform√≥ en gol croata por la coz de un se√Īor Perisic que levant√≥ los tapones a la altura de la cabeza de un se√Īor Walker, su marcador, que intentaba rechazar la pelota. Hay reglamentos -el del f√ļtbol, por ejemplo- que dicen que eso no es legal: se llama "jugada peligrosa". Los ingleses, famosos por un gol con la mano -divina- que los dej√≥ sin un Mundial, ahora se llevaban otro gol tan ileg√≠timo.

Pero no hubo videoarbitraje (VAR) y ni siquiera hubo protestas: el famoso fair play. Los jueces, que al principio no paraban, se nos han vuelto tímidos: en la fase de grupos cobraron 24 penales en 48 partidos; en cuartos y semifinales no cobraron ni uno. Y el VAR está desenchufado. Últimamente ese protagonismo -y cierta valentía- de los árbitros fue reemplazada por los clásicos sacapartidos, cultores del siga-siga, tan temerosos de equivocarse que se dejan casi todo por cobrar. Como la falta en ese gol croata, que dejó a la Pérfida desnuda.

Desnuda como en el rey está desnudo: esa ilusión de que los ingleses controlaban todo y no lo remataban para no despeinarse o porque no es tan de caballeros se disolvió en el aire. Cuando se vieron 1 a 1 y tuvieron que salir a ganarlo mostraron que estaban, más bien, al borde del ataque de nervios o el calambre.

Y as√≠ llegaron al alargue, donde se rindieron. Podr√≠an haber dado, en la mejor tradici√≥n british, sangre, sudor y l√°grimas, pero que nadie les pidiera que corriesen: estaban duros, blandos, rotos. Y el alargue es como el sal√≥n de la casa croata, su zona de confort: los jugaron en sus tres √ļltimos partidos.

O, dicho de otro modo: todav√≠a no ganaron ni uno en la fase final; los empataron todos. Y despu√©s los penales o, en este caso, un gol en el alargue. Que lleg√≥ cuando Inglaterra agonizaba: a los tres minutos de la segunda parte de la tercera parte, semidormidos, alelados, vieron c√≥mo Mandzukic s√≠ se mov√≠a y acababa con sus sue√Īos.

Al hacerlo, el grandote vino al rescate de una raza en peligro: la de los viejos nueves. Mandzukic es un nueve que metió el gol que tenía que meter en un torneo en el que los nueves han metido pocos goles: ni el de Brasil ni el de Argentina ni el de Alemania ni el de Francia metieron ninguno -y es muy raro-.

Los ingleses s√≠ tienen un nueve goleador, el se√Īor Kane, pero esta tarde ni la oli√≥. Y sus amigos tampoco. No reaccionaron, no pod√≠an: Inglaterra fue, esta tarde, un raro ejemplo de impotencia. La segunda semifinal del Mundial de Rusia se resolvi√≥ sin brillo: la perdi√≥ la P√©rfida.

Pero, por esas cosas raras de la dialéctica, se dice que la ganó Croacia y el domingo va a jugar contra Francia para ver si alguno se lleva esa copa que guardaron los rusos. Las sirenitas de los medios argentinos, atadas a sus palos mayores, podrán decir -ya dicen- que "nos ganaron los dos finalistas". Yo creo que nos ganó el campeón y uno que andaba por ahí y tuvo mucha suerte. Pero el que no se consuela, decían a coro mi tía Porota y mi tío Cacho, es porque no quiere.