Represión, corrupción y guerras: la caída de Omar Hasán al Bashir
Por: The New York Times Viernes, Abril 12, 2019-Hrs.
Ashraf Shazly/Agence France-Presse ‚ÄĒ Getty Images

Aun cuando su poder se tambaleaba, al presidente Omar al Bashir le encantaba contar la historia de su diente roto.

Seg√ļn le cont√≥ a sus simpatizantes en enero, cuando era ni√Īo trabajaba en una construcci√≥n donde se cay√≥ y se rompi√≥ el diente mientras cargaba un bulto pesado. En lugar de ir a curarse se enjuag√≥ la boca con agua salada y sigui√≥ trabajando.

M√°s tarde, despu√©s de unirse al ej√©rcito, se rehus√≥ a que le hicieran un implante dental de plata porque quer√≠a conservar un recordatorio de sus penurias. "Este", dijo se√Īalando al hueco en su boca mientras sus simpatizantes irrump√≠an en carcajadas.

La historia le serv√≠a al mandatario, quien fue depuesto el jueves despu√©s de 30 a√Īos de gobierno f√©rreo en Sud√°n, para recordar su origen humilde y mostrar que segu√≠a siendo un hombre del pueblo.

La imagen campechana del líder contrastaba con la imagen que Occidente tenía de Al Bashir, en donde se le veía como un despiadado belicista al que le gustaba frecuentar a terroristas como Osama bin Laden y al arquitecto acusado de la purga genocida en Darfur que mató a cientos de miles de personas. Desde 2009, la Corte Penal Internacional ha buscado arrestarlo por crímenes de guerra que incluyen asesinato, violación y exterminio.

Pero la notoriedad internacional nunca fue un gran problema para Al Bashir, de 75 a√Īos, en su hogar de Sud√°n, un vasto pa√≠s africano con una larga historia de guerra y sufrimiento. Se burlaba de los rivales que lo subestimaban, condujo una bonanza petrolera que por m√°s de una d√©cada hizo prosperar a la clase media sudanesa y forj√≥ una red de fuerzas de seguridad y milicias armadas para pelear sus guerras que algunos compararon con una telara√Īa cuyo centro era ocupado por el mandatario.

Ese entramado se vino abajo esta semana cuando miles de manifestantes se reunieron afuera de su residencia de Jartum gritando consignas mientras bandas rivales de soldados intercambiaban disparos. El dinero del petr√≥leo se terminaba, la econom√≠a estaba en ruinas y los sudaneses, particularmente los j√≥venes, estaban hartos. La ara√Īa deb√≠a irse.

"Solo cae, eso es todo", cantaban. ("Just fall, that is all!")

La ma√Īana del jueves, de cara a las protestas, el ej√©rcito lo depuso, poniendo fin a los 30 a√Īos de r√©gimen. Los militares dijeron que Al Bashir estaba en custodia, el gobierno disuelto y que la constituci√≥n se hab√≠a suspendido.

Los representantes del principal grupo de manifestantes la Asociación de Profesionales Sudaneses que habían esperado negociar una transición a un gobierno civil recibieron el anuncio con decepción.

"Lo que se acaba de declarar para nosotros es un golpe y no es aceptable", dijo Sara Abdelgalil, una vocera del grupo. "Nuestro pedido de un gobierno civil de transición ha sido ignorado".

Omar al Bashir nació en el seno de una familia de agricultores en una aldea polvorienta a ciento sesenta kilómetros al norte de Jartum, la capital y sirvió como comandante paracaidista en el ejército. En 1989 dirigió una junta islamista que echó del poder al primer ministro Sadiq al Mahdi en lo que fue el cuarto golpe militar desde la independencia de 1956.

Durante la primera década de su mandato, sin embargo, Al Bashir era percibido como el líder de una fuerza más poderosa, el clérigo Hasan al Turabi, un ideólogo elocuente con ideas dramáticas sobre la instauración profunda de la sharia en las instituciones y la diversa sociedad sudanesa.

En ese periodo, yihadistas de todo el mundo llegaron a Sud√°n, entre ellos Osama bin Laden, quien compr√≥ una casa en un distrito de lujo de Jartum e invirti√≥ en la agricultura y la construcci√≥n. En 1993, Estados Unidos incluy√≥ al gobierno de Al Bashir en la lista de patrocinadores internacionales de terrorismo y cuatro a√Īos m√°s tarde le impuso sanciones.

En 1999, después de un distanciamiento, Al Bashir encarceló a Al Turabi. Recurrió al ejército para que respaldaran su autoridad y forjó relaciones con militares, fuerzas de seguridad y con el liderazgo tribal del país.

Al Bashir acud√≠a asiduamente a las bodas y funerales de los oficiales militares a menudo enviando tambi√©n regalos de az√ļcar, te y otros abarrotes a las familias. Una vez a la semana ten√≠a una audiencia abierta adonde los oficiales pod√≠an ir y reunirse con el presidente, dijo Alex de Waal, un profesor de la Escuela Fletcher de Derecho y Diplomacia de la Universidad Tufts y experto en Sud√°n.

"Es como una ara√Īa al centro de la red: pod√≠a recoger el m√°s leve temblor y usar h√°bilmente sus habilidades para manejar la pol√≠tica del ej√©rcito", dijo

Al Bashir usó un enfoque similar para manejar a los líderes provinciales y a los jefes tribales, agregó de Waal. "La mayoría de ellos se militarizaron y participaron en alguna de las fuerzas de defensa popular. Tiene esta extraordinaria red y toda está en su cabeza".

Ese estilo de autocracia personalista sirvi√≥ para enfrentar a la insurgencia en el sur de Sud√°n, donde los rebeldes de distintos grupos √©tnicos con creencias cristianas o animistas peleaban por la independencia. Durante los 21 a√Īos que dur√≥ la guerra, la fuerza a√©rea sudanesa lanz√≥ bombas en aldeas remotas del sur y se uni√≥ con feroces milicias locales reclutadas por Al Bashir y sus oficiales.

Al mismo tiempo, Sud√°n descubri√≥ el petr√≥leo. Despu√©s de extraer los primeros barriles en 1999, la calidad de vida aument√≥ gradualmente en una de las naciones m√°s pobres de √Āfrica. Aparecieron nuevos caminos, el agua y la electricidad llegaron a aldeas remotas y edificios brillantes se erigieron en Jartum.

En 2005, debido a la presión internacional, Al Bashir firmó un acuerdo de paz con los rebeldes del sur en contra de la oposición de sus partidarios de línea dura que querían seguir luchando. Pero para entonces otro levantamiento había explotado en Darfur occidental. Fue lo que definiría su legado.

 

Ahí, una milicia favorable al gobierno conocida como los yanyauid apagó la insurgencia rebelde de manera sangrienta en una franja de aldeas remotas. Se estima que al menos 300.000 personas murieron y en 2009 la Corte Penal Internacional emitió la primera de dos condenas contra Al Bashir, quien se convirtió en el primer mandatario en funciones que recibió una orden de arresto de la corte.

En 2011, Sudán del sur votó para separarse y convertirse en un país independiente con lo que se llevó tres partes de las reservas petroleras de Sudán. Al agotarse los ingresos, la economía sudanesa se debilitó gravemente y Al Bashir empezó a enfrentar una seria oposición.

Para 2018 la economía sudanesa estaba en caída libre, con una inflación del 72 por ciento, largas filas en las estaciones de servicio e incluso escasez de billetes. Las clases medias urbanas se rebelaron al ver que sus estándares de vida colapsaban.

Una protesta contra el aumento en el precio del pan en Atbara el 19 de diciembre se extendió rápidamente a las ciudades de todo el país a las que se unieron médicos y otros profesionistas. El descontento popular creció cuando médicos jóvenes, algunos de familias adineradas, fueron asesinados.

Como muchos l√≠deres militares, a Al Bashir le gustaba decir que hab√≠a recibido el poder y que lo usaba a rega√Īadientes. "Este pa√≠s no alienta a nadie a disfrutar del poder", dijo despu√©s de quedarse con el control en 1989. "Este pa√≠s est√° exhausto. Ha colapsado y ha ca√≠do".

Los cr√≠ticos dicen que dej√≥ a Sud√°n en las mismas condiciones que lo tom√≥. Lo que queda menos claro es si sus sucesores podr√°n transformar r√°pidamente al pa√≠s. La econom√≠a requiere de una gran inyecci√≥n de efectivo y es probable que no cesen los conflictos actuales en las regiones sudanesas del Nilo Azul y el Sur de Kordofan. Otros levantamientos, en los a√Īos sesenta y ochenta, r√°pidamente se convirtieron en gobiernos militares despu√©s de algunos a√Īos de mandatos civiles err√°ticos.

"La gente quiere cambio, pero los problemas de Sud√°n, son estructurales, no son un asunto de personalidad", dijo Aly Verjee analista en el Instituto de Paz de Estados Unidos. "Aunque Al Bashir se haya ido, Sud√°n no se restaurar√° de la noche a la ma√Īana".