Estados Unidos no es "Charlie"
Por: El Pa铆s Martes, Enero 20, 2015-Hrs.

Estados Unidos no es Charlie. Aqu铆 los mensajes de apoyo a la revista sat铆rica francesa, cuya redacci贸n en Par铆s fue atacada el pasado d铆a 7 por sus caricaturas sobre el Islam, han sido m谩s tenues que en Europa. El presidente estadounidense, Barack Obama, ha condenado el atentado yihadista y ha expresado su solidaridad con Francia, pero ha rehuido valorar su impacto en la libertad de expresi贸n. Grandes medios de comunicaci贸n han declinado reproducir las s谩tiras m谩s pol茅micas de Charlie Hebdo y su primera portada tras el ataque. Y opinadores y expertos han cuestionado si ese tipo de revista llegar铆a a existir en este pa铆s.

En EE UU la libertad de expresi贸n es un mantra, blindado en la Primera Enmienda de la Constituci贸n. Por ejemplo, no es ilegal quemar la bandera estadounidense. Tampoco libros del Cor谩n, como quer铆a hacer en 2010 un pastor del Estado de Florida. Ni que grupos neonazis se manifiesten frente al Capitolio en Washington. "La ley en EE UU es m谩s protectora con la libertad de expresi贸n -incluida la ofensiva o de incitaci贸n al odio- que en Europa y Canad谩", subraya en una entrevista telef贸nica Gabe Rottman, consejero legal de la Uni贸n Americana de Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en ingl茅s).

Pero, a su vez, este es el pa铆s por antonomasia del pol铆ticamente correcto. El esmero por evitar cualquier ofensa se visualiza en la denominaci贸n oficial de las minor铆as raciales y 茅tnicas, o en la censura de determinadas palabras en televisi贸n.

Tambi茅n en las universidades: con la campa帽a para incluir avisos en libros susceptibles de herir sensibilidades, como El Gran Gatsby; la oposici贸n estudiantil que logra cancelar invitaciones a conferenciantes -desde la activista Ayaan Hirsi Ali, cr铆tica con el Islam, hasta la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, y la exsecretaria de Estado Condoleezza Rice-; o el establecimiento por parte de la direcci贸n de algunas universidades de c贸digos de expresi贸n, entre ellos la prohibici贸n de determinados mensajes y la limitaci贸n de todo activismo a una zona concreta.

Martha Steffens, profesora en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Misuri e integrante de la junta directiva del Instituto Internacional de Prensa, cree que el recelo de ofender tiene su origen en la fundaci贸n de EE UU hace m谩s de dos siglos. "Se fund贸 aceptando a gente desencantada con su naci贸n de origen, que quiz谩 estaba estigmatizada o perseguida por ser diferente. La idea era 'te daremos libertad religiosa y una sociedad libre en la que podr谩s ser t煤 mismo'", se帽ala. Por ello, sostiene, hay un profundo respeto hacia otras religiones y culturas: "No te r铆es de la gente por esas diferencias aunque estuvieras intentando argumentar algo".

En EE UU la libertad de expresi贸n es un mantra, blindado en la Primera Enmienda de la Constituci贸n. Por ejemplo, no es ilegal quemar la bandera estadounidense

Steffens ve un reflejo de la sociedad estadounidense en el hecho de que grandes medios de comunicaci贸n -como el diario The New York Times, la agencia Associated Press o las cadenas televisivas CNN y NBC- hayan decidido no mostrar las caricaturas de Charlie Hebdo m谩s pol茅micas con el Islam o su primera portada tras el atentado, en la que aparece el profeta Mahoma. Los medios han aducido voluntad de no ofender y motivos de seguridad.

"Normalmente no publicamos im谩genes u otro material que pretende deliberadamente ofender sensibilidades religiosas. Muchos musulmanes consideran ofensivo publicar im谩genes de su profeta y nos hemos abstenido de ello", argument贸 el director del Times, Dean Baquet, en un comunicado. Sin embargo, la defensora del lector del rotativo, Margaret Sullivan, consider贸 que la portada de la 煤ltima edici贸n deber铆a de haberse reproducido dado su "significativo" valor informativo y al no ser "gratuitamente ofensiva".

Rottman, el experto de ACLU, enfatiza que una revista como Charlie Hebdo y sus caricaturas sobre el Islam ser铆an perfectamente legales en EE UU. El Tribunal Supremo refrend贸 en 1952 que no se pueden suprimir ataques contra religiones, y en 1988 la legalidad de la s谩tira en un caso que afectaba a la revista Hustler. Pero, pese a estar protegidas por la Constituci贸n, no han existido en EE UU publicaciones que caricaturizan religiones, seg煤n un extenso an谩lisis en la revista Time de Sascha Cohen, que elabora una tesis doctoral sobre este tema en la Universidad de Brandeis.

Para la profesora Steffens, el ejemplo m谩s parecido a Charlie Hebdo en EE UU ser铆a The Onion. Sus parodias apuntan a las grandes empresas y a la clase pol铆tica. "Creo que los estadounidenses se sienten m谩s c贸modos [as铆]", alega.

Rottman sostiene que el "derecho a ser ofensivo" ha hecho de la estadounidense una sociedad m谩s progresista porque, esgrime, los postulados m谩s humillantes quedan marginados de un modo natural. Su tesis es que tener ese derecho no significa que deba usarse, pero advierte del "peligro" de no tenerlo: de que el Gobierno decida qu茅 se puede decir y qu茅 no seg煤n sus intereses; y de que haya autocensura por las amenazas del receptor al emisor del mensaje.

Eso es lo que, seg煤n el presidente Obama, sucedi贸 en el caso de la pel铆cula La Entrevista, cuyo estreno Sony cancel贸 inicialmente en diciembre despu茅s de las amenazas de piratas inform谩ticos que hab铆an atacado sus servidores. El presidente critic贸 entonces que la multinacional claudicara ante la censura impuesta por un "dictador", en alusi贸n al r茅gimen de Corea del Norte, al que Washington atribuye el ciberataque.

En el caso de Charlie Hebdo, Obama no ha hecho ninguna reflexi贸n de fondo. S铆 su portavoz, John Earnest, que el pasado jueves se mostr贸 ambivalente: afirm贸 que ninguna muestra de libertad de expresi贸n justifica una respuesta violenta, pero que esta libertad lleva aparejadas ciertas "responsabilidades". Es un tono similar al empleado por el entonces presidente George W. Bush tras las protestas en pa铆ses de mayor铆a musulmana por la publicaci贸n en 2005 de unas caricaturas de Mahoma en el diario dan茅s Jyllands Posten. Al a帽o siguiente, las reprodujo Charlie Hebdo, lo que convirti贸 la revista en diana del fundamentalismo isl谩mico.