El retrato más íntimo de los menonitas
Por: El Confidencial Martes, Julio 28, 2015-Hrs.
El Confidencial

No es nada fácil conseguir que los menonitas acepten a un intruso armado con una cámara de fotos en sus comunidades. El fotógrafo Jordi Ruiz Cirera lo consiguió hace cinco años. "Surgió por casualidad. En 2010 estaba en el sur de América y un amigo argentino me habló de las comunidades menonitas y enseguida me atrapó la idea. Decidí ir a verles y pasar un tiempo allí", explica sobre el germen de un reportaje por el que obtuvo el premio Taylor Wessing de fotografía y que acabó convertido en el libro Los Menonos (Éditions du LIC).

Ruiz Cirera se marchó a Bolivia, donde se estima que hay alrededor 60.000 menonitas (o menonos como se les llama allí) llegados a finales de los cincuenta de Canadá, México o Belice, y consiguió ese imposible que es fotografiarles. "Las fotografías están prohibidas para ellos por motivos religiosos, pero como en todas las religiones cada cual hace un poco lo que le parece. En algunos casos me decían que ellos no podían tomar fotos, pero que si lo hacía yo no había problema mientras que otra gente estaba totalmente en contra de ser fotografiada", cuenta sobre el "lento proceso" que fue ganarse la confianza de esta comunidad con la que acabó conviviendo. "Fue la manera de romper la enorme distancia que nos separaba e intentar pasar desapercibido", agrega.

Su serie de fotos es un retrato íntimo y cercano de esa austeridad característica de los menonistas trazada a través de sus ojos y el día a día -siguen viviendo sin electricidad, teléfono y aislados de la sociedad- de sus mujeres, hombres y niños. "Los dos pilares importantes de su religión, que es la base de su sociedad, son la austeridad y la humildad; que nada sobresalga del resto y que no haya nada inecesario, superfluo. Viniendo desde una sociedad donde precisamente se premia lo contrario, fue muy interesante ver cómo una comunidad entera vive de forma totalmente aislada y diferente. Se podria decir que casi viven igual que hace 200 años. Cuesta un poco de entender que no tengan esa necesidad que parece tenemos aquí de querer siempre más y mejor", añade el fotógrafo.