No le sirve al asesino tratar de escapar. No hay montaña suficientemente alta ni lago tan profundo para que se pueda esconder. Se levantaron los vientos, la sequía amenaza, las tormentas nos quieren destruir. Buscamos hierbas medicinales milagrosas pero el bosque está devastado. Mucho cuidado se necesita para no quedar con las manos vacías y extendidas.
Quien se tropieza con un campo donde habitan las hadas y no reconoce el terreno y se dispone a caminar con pies débiles, corre el riesgo de enfermarse y sufrir una desgracia fatal. Entonces, tendrá que recurrir a la ayuda de los que tienen las llaves de los secretos mágicos de las historias contadas. Esto podría ayudar de manera sorpresiva y de acuerdo a las circunstancias. Depende, cuan dispuesto está el accidentado a mirar de frente al causante de todos los fracasos. A él mismo. Aceptar que es ciego, mudo y sordo y que provocó la catástrofe por su propia ignorancia. A muchas puertas habrá que poner platos de pan, vino y miel. A los jóvenes hablarles como a los hijos, a los viejos como a los padres, a los de mediana edad como a sus hermanos. A todos como a sí mismo. Reunir a muchos alrededor de su mesa y compartir la cena. Al ver que la luz del día se va y que la noche promete ser fría y oscura, el enfermo debe buscar el calor propio y ajeno.
Hasta la piedra cuando se la golpea mucho se rompe en dos. Y la palabra mal dicha provoca dolor. Habrá que buscar las palabras que sensibilizan y dan esperanza. Los débiles, enfermos, confundidos y pobres de alma buscan consuelo. No basta el oro ni las piedras preciosas. No le sirve escaparse ni poner venda a los ojos. La ceguera lleva a la enfermedad y peor a la muerte. Se levantan los antepasados y esperan los no nacidos. Esperan al héroe. El que viste la túnica tejida con tela fina hecha con hilos de la palabra verdadera y sin manchas corrompidas por la mentira. El fuego es aureola que demuestra su fuerza y decisión. No titubea ni vacila. Su mirada es firme y de su boca se escuchan palabras de sabiduría. Mucho trabajo espera. Se edificaron palacios con huesos humanos, las calles están empedradas con cráneos de generaciones futuras y las fronteras se fortalecieron con hierros que envían la muerte. No le sirve al asesino tratar de escapar. No hay montaña suficientemente alta ni lago tan profundo para que se pueda esconder. Se levantaron los vientos, la sequía amenaza, las tormentas nos quieren destruir. Buscamos hierbas medicinales milagrosas pero el bosque está devastado. Mucho cuidado se necesita para no quedar con las manos vacías y extendidas. Quien se dispone a tocar la melodía falsa para llevar a todos hacia las aguas turbias se está alistando sin miedo ni reparo. No hay cera que alcance para todos los oídos que habrá que tapar. Se gastó la cera para fabricar la miel amarga. Mienten las hadas mientras susurran al oído de los guerreros: ven y serás mi amante. Su lecho está lleno de víboras venenosas y su sonrisa oculta la espada cuyo filo todavía mantiene la sangre de sus víctimas. El héroe normalmente tiene ayudantes, caballo y espada propia. Sus ojos no tienen maldad. Y sólo de esa manera puede cortar la cabeza del hada mentirosa y liberar al pueblo dormido y embrujado. La madre le aconseja a la joven: cuidado con los que prometen fácilmente. No busques a quien habla mucho y engaña con dulces ofertas. Ve bien que sea sabio, responsable y serio. Que su mirada esté puesta sólo en ti y que sus brazos sean firmes y que sepan trabajar. Hay que levantar hijos y darles de comer y eso sólo puede aquel que sabe lo que es ser fiel a una sola mujer. Por: Zana Petkovic
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