Y de nuevo las palabras de Dostoievski, al decir que la belleza salvará la humanidad. El visionario tal vez quiso decir que debemos crear, defender y preservar la belleza y muchos de nosotros, flojos para crear, únicamente queremos que nos entreguen en bandeja de plata la fecha de la salvación. Sabemos que Bachushka escribía todos los días, siempre endeudado y apurado, no tuvo tiempo para anotar la fecha. Cuando Dostoievski nos asegura que “la belleza salvará la humanidad”, no precisa la fecha cuando esto sucederá. Nadie puede decir con exactitud en qué momento de su desarrollo, el ser humano descubre la belleza. Sin embargo, se puede confirmar que al descubrir lo bello el hombre sube varios peldaños en la gradería evolutiva. Desde entonces, la nobleza y la inteligencia se miden de acuerdo a la capacidad de reconocer la diferencia entre personas, sucesos y objetos. Por ser libre de maldad y envidia, la belleza implica bondad.
Las obras de arte son las huellas que deja la historia de la civilización. Lo que nos queda como único testigo, si de belleza se trata, es la ley de la armonía de un estilo que expresa lo perfecto. Se conocen dos tipos de belleza. La efímera, resultado de la moda -características etnológicas y folclóricas de cierto lugar y tiempo- y la atemporal y eterna, que demuestra el espíritu de la época en la que vive y está relacionada con la fertilidad instintiva, garantía de la prolongación de la especie. La belleza es la cúspide de la cadena antropológica, un cuerpo perfecto en armonía con el alma y el espíritu, resultado de una elección inconsciente generacional. Tienen razón las personas que se dedican a organizar concursos de belleza, pues encontrar una belleza universal es difícil. ¿Podríamos decir que un sinfín de cuerpos finamente esculpidos, que están tomando sol en la playa de Copacabana fueron la causa por la que se desvió la profecía de Nostradamus “mille non piu mille”, es decir, el fin del mundo tuvo que suceder en 2000 y no fue? Por cierto, el movimiento de los anti-artistas cuyo lema fue: “Lo feo es bello” (Ugly is beautifull) terminó sin pena ni gloria. El mal comportamiento, delitos, engaños, mentiras (recordemos- pies cortos-) tienen alcance limitado y un atributo algo oculto, regresa a sus autores. Lo mismo se puede decir de la bondad. La bondad y la belleza son dos atributos ligados con lazos irrompibles. La construcción mental de un hombre noble deja huella en sus facciones. La nobleza tiene reflejo de paz, indestructible bondad, mirada abierta, dulzura angelical. La belleza no puede tener los labios delgados de una bruja, ni la mirada de un buitre o la agresividad de un necio. A pesar de que estamos viviendo en la época cuando en los roles principales actúan los “feos, sucios y malos”, la demanda por las beldades aumenta justamente como forma de recompensar y aminorar tal cantidad de fealdad. La búsqueda misma de la belleza, especialmente su creación, produce en el ser humano sentimientos nobles y altivos. A los seres simples nos queda encontrar la belleza en diferentes formas de la vida cotidiana. De misma manera como la felicidad que en ciertos momentos nos regala el sentimiento de realización, sentido de vida, orgásmica satisfacción; la belleza fuera de serie lo hace a diario. Fijaremos la mirada en las obras que llenan nuestros museos y galerías de arte. Recordemos los conciertos de la sinfónica, obras de teatro, libros escritos; mujeres y hombres que hicieron nuestra historia; esculturas que adornan las calles y edificios de nuestras ciudades. ¿Acaso no nos alcanza para salvar nuestra amada tierra? Es un tema de suerte para la humanidad que los gustos son diferentes y que al final cada uno encuentra su propio estilo de belleza. De lo contrario Homero tendría razón al decir que todas las guerras comienzan por culpa de la mujer. Conscientemente, algunas generaciones eliminaron lo bello, hasta lucharon contra ello. Fealdad, destrucción y la perversión de las formas naturales, son fenómenos que sobreviven gracias al desarrollo tecnológico. Guerra, limpiezas étnicas, separaciones en nombre de la fe, o la propia debilidad, parecen ser la forma del comportamiento dominante que empuja a la humanidad hacia un abismo profundo de desaparición. Y de nuevo las palabras de Dostoievski, al decir que la belleza salvará la humanidad. El visionario tal vez quiso decir que debemos crear, defender y preservar la belleza y muchos de nosotros, flojos para crear, únicamente queremos que nos entreguen en bandeja de plata la fecha de la salvación. Sabemos que Bachushka escribía todos los días, siempre endeudado y apurado, no tuvo tiempo para anotar la fecha.
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