Fue la primera batalla vencida para derrotar definitivamente al “neoliberalismo”. El Alto fue la primera ciudad en revelarse contra el gobierno del presidente Sánchez de Lozada y exigir su renuncia. Con una población proclive al conflicto se sumó fácilmente al eslógan de la “guerra del gas”, anunciada por el líder cocalero y jefe del Movimiento al Socialismo (MAS) Evo Morales, al que se sumaron otros dirigentes campesinos, vecinales y sindicales. Es muy difícil pensar, como lo siguen reafirmando quienes ahora se suman a la tarea de la reconstrucción nacional, que este movimiento fue esporádico y que no contó con recursos frescos.
Fue una rebelión organizada con anticipación; lo admiten ahora varios dirigentes sindicales que festejaban el sábado 18 por la tarde la caída de Sánchez de Lozada. Exactamente una semana antes, es decir, el sábado 11 de octubre su gobierno decidió militarizar esa ciudad en la que habitan cerca a un millón de personas. La decisión le costaría su cargo. Los hechos se produjeron cuando una caravana de vehículos de alto tonelaje que transportaba combustibles - carros cisterna - a la ciudad de La Paz, desabastecida de gasolina y diesel, intentaba cruzar por las principales avenidas de El Alto, lo que derivó en un violento enfrentamiento con armas de fuego. Una de las consignas manejadas por otro líder campesino, el ex jefe del Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK), Felipe Quispe, fue tender un cerco a la ciudad de La Paz para estrangular a sus habitantes sin alimento ni servicios, repitiendo la consigna del caudillo aimara Tupac Katari. Articulo completo en la Edicion impresa de la revista |