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En los últimos cinco años, Bolivia se ha convertido en un territorio codiciado por el crimen organizado y eso generalmente ocurre cuando el país ha caído en el desorden, se han debilitado sus instituciones democráticas y el Estado es permisivo a este tipo de experiencias. El 16 de abril de 2009 un grupo de policías fuertemente armados ingreso al Hotel Las Américas de la ciudad de Santa Cruz y acribilló a un grupo de supuestos terroristas internacionales que habían llegado al país para definir junto a varias organizaciones cruceñas la autonomía de ese departamento o, dicho en otras palabras, su desmembramiento territorial de Bolivia. Culminada la guerra fría y con la caída del Muro de Berlín, las pugnas ideológicas dejaron de ser el principal argumento para la toma del poder. Un amasijo de estados inciertos en la periferia de la Unión Soviética nació justo cuando el proceso de globalización comenzaba a acelerar. La necesidad de asegurar dinero y comprar influencias políticas, se volvió más intensa que nunca. Quien tuviera ambición en los Estados fallidos precisaba la anarquía para poner en práctica sus ambiciosos planes, entre comprar y vender armas en la antigua Unión Soviética y exportarlas a los puntos más calientes del planeta. Un ejemplo próximo fue El Salvador. “Después de la guerra, la gente decidió usar armas para ganar dinero en bandas de delincuentes. Y luego vimos que los paramilitares de derechas y las guerrillas de izquierda comenzaban a colaborar. Robos de coches, viviendas, secuestros…”, escribió el periodista Misha Glenny en el libro McMafia. Articulo completo en la Edicion impresa de la revista
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