Un modelo que otros presidentes quieren imitar. Mantiene relaciones con todos más allá de las ideologías y ha conseguido para su país lo que muchos de sus antecesores no lograron. Es el personaje en 2010. Ustedes reclaman por el imperio (del Norte), pero al lado tienen otro gran imperio (Brasil)…”palabras más palabras menos, fueron pronunciadas por un ex embajador de los Estados Unidos en Bolivia. No estaba equivocado. Años han transcurrido desde esa premonición.
El gigante latinoamericano no sólo se ha convertido en la salvación, mientras los poderosos naufragan; es la potencia que respira el liderazgo de su presidente. Nadie sino él sabe exactamente dónde ha ubicado a su país. Lo sabe porque desde su infancia de “lustra” a sus carencias de joven y su lucha sindical, finalmente alcanzó la jefatura de un país que disfrazaba sus miserias y no podía, por ese mismo motivo, entrar a la altura de las naciones más adelantadas del planeta. Luiz Inácio Lula da Silva aprendió que los discursos exasperan a cada paso la negación de la propia política. El mandatario brasileño se ha convertido en el principal referente; un modelo a seguir y a imitar por el resto de los mandatarios latinoamericanos. Evo Morales lo desprecio. La nacionalización de los hidrocarburos fue una estocada mortal para su Gobierno “Evo, debe saber porque lo está haciendo”, respondió a la prensa indignada de su país. Jamás devolvió el golpe como varios sectores influyentes de la sociedad le exigían. La grandeza de Lula fue la otra mejilla. Considero que Evo tenía “derecho” de haber decretado la nacionalización. Fue coherente con su discurso ideológico, porque él también provenía de la izquierda. Había pasado hambre como el presidente de Bolivia en su infancia y el cartón amarrillo que exhibía en lo alto su colega boliviano no lo amedrentó. Entendió el mensaje y se puso a trabajar desde otra perspectiva. No sudo frío por los ataques de los sectores más conservadores de la sociedad brasileña que acuño inmediatamente el término “ingenuo” para identificar el embate. Un día después de haber sido “tomado de sorpresa” como el mismo reconoció por la nacionalización, alentó en silencio una inversión millonaria para sustituir el gas boliviano. Convocó a Petrobras a revertir la medida y su Gobierno dispuso financiamiento para descubrir petróleo en las profundidades del Atlántico. El gas de Bolivia debía ser sustituirse pronto porque responde en términos de volumen por la mitad del consumo brasileño. Era un peligro seguir dependiendo de Evo. Le reclamaron entonces que “su gobierno debería haber salido inmediatamente en defensa de los intereses nacionales “, se le exigió “pedir indemnizaciones por la expropiación”. Articulo completo en la Edicion impresa de la revista |