La lectura del resultado de las elecciones va más allá de la invitación que ha ofrecido el presidente para trabajar en la gestión. La celebración cambio de color y de siglas. La fragmentación del electorado ha puesto en riesgo el caudal de votación que había conseguido Evo Morales en tres procesos anteriores. Cuáles las consecuencias de la derrota en La Paz, “sede del cambio” y reducto urbano del oficialismo. Apenas dos días antes de las elecciones departamentales y municipales del pasado domingo 4 de abril, varios hechos marcaron la brecha que con el correr de las horas se convertiría en un peligroso abismo fomentado por el propio oficialismo en su más preciado bastión electoral. El presidente Morales calificó de “traidor” a Juan del Granado en la conocida cadena de adjetivaciones personales que no cesaron desde que el masismo decidió como estrategia electoral romper su alianza con el MSM. A esa ola de ataques se sumaron otras voces en el Gobierno.
El viceministro de Régimen Interior Gustavo Torrico se atrevió a decir que al jefe del MSM le esperaba la cárcel de Chonchocoro, a propósito de las auditorias que producto de la euforia electoral, amenazaba el MAS contra la gestión del MSM en el municipio paceño. La ola de ataques para no perder votación en la ciudad de La Paz siguió la misma dinámica con ataques violentos. Lo que se estaba jugando en los hechos no era sólo la elección en la sede de Gobierno; del resultado en La Paz dependía el control y crecimiento del oficialismo para consolidar definitivamente su hegemonía en el resto del país. La candidata por el MAS insistió en todos sus contactos con la prensa la importancia de ganar en La Paz, “sede del proceso de cambio”. Faltando 24 horas para las elecciones, el vicepresidente García Linera atacó a la dirigencia cívica cruceña y la volvió a amenazar por sus afanes “separatistas”. En casi todo el registro de sus declaraciones se puede leer la enorme importancia que para él tienen las “autonomías” en su novedosa tesis de “socialismo comunitario”. Esta secuencia de actitudes dilapidó el apoyo que hasta entonces habían sumado los candidatos masistas que de acuerdo a varios sondeos de opinión sumaban victoria en La Paz, en algunas capitales y ciudades intermedias que pasaron a ser controladas por laoposición. Muchos observadores opinan que la derrota del MAS en La Paz ha debilitado la imagen del presidente y advierten como respuesta reacciones radicales. La mención que hace el vicepresidente del “separatismo”, no es casual si se toma en cuenta que obedece una estrategia de enfrentamiento que fomentó la línea gubernamental en los primeros cuatro años de la gestión del MAS. “El resultado electoral ha reforzado las diferencias y ahonda el camino de cualquier reconciliación”, opinaron periodistas en la capital oriental. “Santa Cruz se ha fortalecido políticamente como consecuencia del resultado en La Paz”. Una de las consecuencias de la votación que obtuvo el MSM en La Paz, es que su líder buscará aproximaciones con las fuerzas enfrentadas con el Gobierno para convertirse en la cabeza visible de la oposición. Articulo completo en la Edicion impresa de la revista |