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Es irónico que una persona que durante su vida ha servido a la comunidad se encuentre indefensa frente a los avatares que exige la vida moderna. La comunicación social es una vocación de servicio más allá de las criticas que a diario se generan contra quienes trabajan por llevar a diario información sea escrita, oral o televisiva. Es una tarea que demanda demasiada responsabilidad esfuerzo y sobre todo compromiso. Se trabaja de noche se duerme de día, ciertas situaciones crecen al paroxismo; los periodistas no son en general queridos, aunque hay los que se esfuersan por caer bien y agradar a todos. Por diferentes motivos el periodismo no ha generado en la sociedad una conciencia crítica para abrir debates sobre diferentes temas, se ha limitado a la conyuntura. DATOS trató de hacer huella desde hace más de 10 años tocando hechos que no aparecían en los medios. Investigamos a los que preferían el perfil bajo y no les gustaba aparecer en los diarios. Las vacas sagradas que se mimetizan en cualquier profesión nos censuraron. Fue una tarea solitaria. Mantuvimos una linea de compromiso critica con los problemas que aquejan a la sociedad en diferentes temas. No podemos pasar por alto el ingrato hecho de la muerte de una colega que exigió a su cuerpo quizá mucho más de lo que podía resistir. La tarea de construir los cimientos de una sociedad está reservada para pocos. Cristina Corrales fue crítica hasta que se le cruzaron en el camino otros objetivos e ideales que demandaban tareas pendientes. Alguna vez hablando con ella contaba sin perder la esperanza su deseo de volver a ejercer en la radio y aunque se le dio cabida en algún programa, hubo interesados en cerrarle las puertas para que no contará su verdad: los tragos amargos que hay que beber frente al poder descomunal que a veces ejercen las personas. Y en sus últimos momentos de vida se le negó aunque ya estuviera muerta una camilla para que su cuerpo descanse en paz.
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